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miércoles, 5 de marzo de 2014

Móvil

Seguía sonando la alarma todas las mañanas a eso de las seis. Estaba apagado y seguía sonando, así como lo leen. Yo andaba loco y zombi, tratando de apagarlo, la habitación a oscuras y las pestañas pesadísimas. Pero si estaba apagado, le decía yo a ella. Y ella que girando, hundiéndose en la almohada me decía que no, que si, que apagara el móvil, que no jodiera desde tan temprano, que hay que ver.

El móvil no era mío, ni de ella. Fue un préstamo que le hizo un amiga. Ella lo uso poco más que una semana y entro al cajón para no salir nunca más: no se lo pudo devolver. Se dijeron perra y puta, se cancelaron en las redes sociales y se dedicaron a hablar mal la una de la otra durante algún tiempo. La otra se quedo con unas rayban, así que esta claro quien salió ganando.

A mí ya me costaba volverme a dormir. Me ponía a pensar en lo raro que era lo del teléfono y un segundo después ya estaba en 1989 o en Bogotá o en Madrid. Eso que llaman memoria. O recuerdos. O invenciones. A saber, yo lo que tenía era sueño. Pero poco podía hacer, no sabía ni el pin, ni el puk, ni nada de nada. Además, ya se los dije: el móvil, el puto móvil, estaba apagado.

jueves, 7 de junio de 2012

Lleno, por favor

Tuve una época en que me centré en leer la Gran Novela Americana. Una tarea complicada. Y larga. Y pesada. Y cara. También es cierto que reconfortante e instructiva. 
Empecé de manera anárquica y ecléctica, sin orden ni concierto. Atendiendo a todo tipo de recomendaciones. Lo cuál, es claro, me llevo a leer un montón de páginas que No Valían La Pena. 

Hasta que me sucedió esto:

- ¿puedo ayudarte?
- No, tranquila - dije
- Bueno, pues aquí estamos para lo que necesites - 

Deje pasar un tiempo prudencial. Algo así como un minuto.

- Bueno, llevo un tiempo buscando, es decir, queriendo leer La Gran Novela Americana...
- ... - se quedo callada, mirando hacia la estantería del fondo, pensado.

Aquí solté nombres, apellidos, filas y fobias. Algo muy estudiado, para darme un aire de Intelectual Seductor.

- Los libros de Roth están allí - señalando un punto indeterminado en la estantería del fondo.

Yo me había leído el Lamento de Portnoy y me había reído mucho. Así que confíe en la Sabiduría Femenina. Giré el libro disimuladamente para ver el precio. Como era una edición de Bolsillo me la podía permitir. Fui a la caja haciendo el típico paseillo mirando otros libros, intentando descubrir algo.
Cuando se lo di me miro. Miro el libro, a mí, al libro. Yo sonreí y busque el billete para pagar.

- ¿Al final te llevas este? - me dijo algo desconcertada.
- Tiene buena pinta - conteste y remate - sigo buscando La Gran Novela Americana - y corone con una gran sonrisa llenándome de amabilidad y un ya te diré cómplice.
- Pero La Gran Novela Americana esta al fondo - me dijo con Sumo Tacto
- .... - y de manera misteriosa, sin mover un músculo de la cara y en tan solo un microsegundo, me vacié y me volví a llenar, aunque esta vez de imbecilidad.  


Que Bendita felicidad es la Ignorancia. 

Por cierto, este es un Novelon del señor Roth que amablemente alguien ajeno a mí ha catalogado como una aproximación a la Gran Novela Americana.

lunes, 7 de mayo de 2012

La Famosa Anécdota

Voy a contarla

"Bien es cierto, que no ayudo mucho que yo tuviese un cinturón lleno de sangre en la mano. Tampoco, que ni el cinturón ni la sangre fueran mías. Bueno, si nos ponemos estrictos, tampoco actuó en nuestro beneficio, que yo fuese el portavoz ante la policía. Y ¿qué decir de mis primeras palabras? pues que tampoco ayudaron. "Tranquilos, que ya lo hemos llevado al hospital". La sorpresa en la cara y la mano a la pistola, hicieron que me diera cuenta de que la suma de todos estos detalles nos condenaba de antemano. El policía, que sudaba a chorros gracias a la triple conjunción: verano, gordura y nervios, grito "quietos y fuera del coche". Ante la imposibilidad de cumplir los dos deseos del Orondo Agente decidimos quedarnos quietos.

Pero antes:

Nos encontrábamos en un oscuro y humeante bar: apuñalandonos el hígado con destilados, urdiendo planes de dominación mundial en el largo plazo y en el corto mucho más sicalípticos. Me voy, dijo y nos guiño el ojo, con la malicia habitual de un gañán a punto de consumar. Diez minutos después: llamada de urgencia. Cuando llegamos estaba sentado en la acera. Sangraba muchísimo. Su novia estaba pálida, o eso me pareció al verla a la luz de la luna, en una extraña metáfora poética que todavía no he sabido explicar. Llegaron unos policías viejos y desganados. Se explico lo mejor que los nervios, por ver que el charco rojo a sus pies no paraba de crecer, lo dejaban: atraco, carrera, pelea, dominicanos, navaja, sangre. Los policías se limitaron a llamar a una ambulancia (ambulancia que Se Perdió de camino al Hospital: Sucedió.) El Hombre Croqueta y J salieron "a perseguir" a los atracadores.Volvieron a los dos minutos. Nada, dijeron.



Volvemos:

Tranquilo, yo vivo aquí. En este portal - volví a la carga. El otro policía, parapetado tras la puerta del coche, esperando al parecer una ráfaga mortal, solo gritaba ¿de qué banda?¿de qué banda sois?. Esta actitud hizo efecto en su compañero que ya termino de desenfundar y totalmente empapado, nos comenzo a gritar: contra la pared, contra la pared. Cosa que hicimos con una tranquilidad pasmosa, como si fuese algo habitual, lo que ya termino de desquiciar a los servidores públicos. Influenciados por Hollywood nos pusimos cara a la pared, con las piernas separadas y las manos en alto, las palmas tocando el frío del ladrillo. Deneis, grito el que parecía de las fuerzas especiales. Luego repitió un poco más tranquilo, de-ene-is. Y daos la vuelta coño, remató.
Tras aclarar el malentendido de las direcciones, ya que ninguno tenía la correcta en el documento y tras el típico interrogatorio acerca de amigos apuñaldos, parecía mucho más relajado, aliviado por no tener que decidir entre su vida o la nuestra. Hasta que el otro, el sudoroso, pidió al Hombre Croqueta que abriese el maletero. En el interior, un reproductor de dvd y una máscara de Scream, desataron una locura de luces rojas y azules, sirenas estridentes, un salto hacia atrás digno de récord mundial y gritos de los hemos pilla'o macho, los hemos pilla'o macho, además de códigos numéricos transmitidos precipitadamente por radiofrecuencia, que hicieron despertar a toda la vecindad.
Tardamos unos tres cuartos de hora en explicarles, con nuestro perfecto acento suramericano,  que no éramos una peligrosísima banda de albano-kosovares y que no nos dedicábamos a desmantelar chalets en la Moraleja. Poco a poco los numerosos refuerzos fueron dejando La Escena del Crimen. Y las luces de mi edificio se apagaron de una en una, siguiendo un extraño orden, superior, como si fuese una instalación de un museo de arte moderno.

Antes:
Estábamos sentados en el coche. Hablando con la franqueza que otorga el aleteo de la muerte y la seguridad de la vida. De lo mucho que cambia todo en un instante. Y que ese puto calor lo vuelve a uno loco"

Mr Blu, 
Madrid 2012

jueves, 22 de marzo de 2012

Futuro Pasado

El sueño fue así:

Una ráfaga de Futuros frente a mí. 
Una sucesión de rostros. Imágenes sin parar, una detrás de otra, como un profesor que enloqueciera al pasar las diapositivas, que perdiera el ritmo, que ametrallara a sus alumnos con imágenes, imposibilitando así que tomen apuntes. Fabricando el suspenso.
Rostros que en algún momento conocí, algunos que Ame. (Amores consumados y quemados, amores que no prendieron, amores cobardes y amores imposibles, amores no natos y amores jubilados).
Rostros familiares y desconocidos. Rostros que al mirarlos me permitían, como un flash dentro del flash, ver un pasado. Un pasado del que yo era parte. Felicidad y tristeza. Sin ninguna dosis, un cóctel desequilibrado, una borrachera infame. Un Ying Yang girando descontrolado.
Claro que era un futuro mentiroso por improbable. Era un futuro que Nunca se cumpliría. Todo el pasado, el flash dentro del flash, ya había pasado sin mí. Eran Futuros Pasados.
No era premonitorio ni de advertencia. No era el fantasma de las Navidades Futuras el que venía a visitarme. No hay chance de cambio. Ya fue. No aceptamos el arrepentimiento para reducir la condena.
Rostros y Rostros, que con una solo mirada, a lo mejor alguna frase, me permitían conocer todo ese futuro que me perdí y ya nunca llegaría a ser.
Una vecina,  una compañera de clase, de trabajo, una chica del autobús. Rostros y Rostros desfilando ante mí, apareciendo de repente, como sucede en los sueños, sin explicación sin un porque, sin un orden. No había botón de pausa. Ni de rebobinar o adelantar. Un zapping demencial.
Aunque había algunos Futuros bastante Buenos, me alegraba estar en un sueño, de la imposibilidad de que se cumplieran. Los Futuros Malos tampoco estaban mal. Pero igualmente me alegraba de no haber formado parte de el.
El Futuro no para de suceder.
 
Un mal cuerpo me acompaño todo el día, una especie de resaca palpitante, sin dolor de cabeza, sin la euforia de la borrachera.
Supongo que será el cumplir años. Y el quedarme dormido leyendo cosas, tal que así:

“Las olas del corazón no estallarían en tan bellas espumas ni se convertirían en espíritu si no chocaran con el destino, esa vieja roca muda.” 

Friedrich Hölderlin

lunes, 24 de enero de 2011

La Fiebre

El Famoso Día que Conocí la Soledad no estaba solo. Fue un 31 de Diciembre en la puerta del Sol. Las botellas de sidra volaban de un lado a otro de la plaza y abrían cabezas. Hacía frío y yo conocí a la Soledad en medio de mucha, muchísima, gente. Volví a casa andando. Solo llevaba unas Converse y una chaqueta de jean. Llore y pase frío como nunca en mi vida. Al otro día desperté y tenía fiebre.


La Lupe
Fiebre

(Recuerdo haber contado esta historia. Estaba desnudo y ella también. Me dijo que no le daba lástima)

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Capicúa

Cualquiera puede acercarse a hablar con ella. A veces ni siquiera es necesario invitarla a un vino. Te mirará y dirá: pobres de nosotros. Lo normal es contestar si, si señora. O tal vez quedarse callado, con ese silencio que invita a hablar al otro. Da igual ella terminara diciendo: mira que tocarnos vivir dos años capicúas. Si es la primera vez que escuchas esta teoría (ella lo sabrá, seguro) te dirá: 1991 y 2002 no hay cerebro humano que lo resista. Aquí las posibilidades son mucho más variadas pero lo recomendable es dejarla sola y salir a la calle, así haga frío, y no pensar en ello nunca más.

martes, 23 de noviembre de 2010

Ojo Amoratado

Sobre el final de Broken Flowers (excelente!), Don Johnston, se encuentra en el medio de la calle desubicado, con la duda instalada en él, perdido y desorientado, al borde del colapso. Su hijo, los recuerdos, las batallas del pasado, el rosa, las flores, el ojo amoratado. Baja por la calle un Escarabajo antiguo y destartalado, un hombre se asoma por la ventana ¿su hijo? ¿quién es?¿quién será?¿quién fue?.....

....yo mismo me he sentido así, lo recuerdo bien. Fue un domingo, por la tarde, me entretenía leyendo, escuchando la radio, haraganeando. Suena el teléfono. Una mujer me invita a participar en un "prestigioso" programa de televisión. Mi respuesta es clara y directa: no. Vuelve a sonar el teléfono. Para convencerme me revela el nombre del "prestigioso" programa: El Diario de Patricia. Las fuerzas a duras penas me alcanzan para colgar. Salí a la calle. Tuve miedo.



Spring brings the rain,
With winter comes pain,
Every season has an end

lunes, 22 de noviembre de 2010

El Sesenta y Nueve

Ante la magnitud de la obra iniciada el joven, se decidió por crear un método que, en algún modo, así fuera pequeño, facilitara su tarea. Como crear un método también se revelo como una tarea ardua, y que además requiere cierto tipo de ingenio que él sabe que no posee, opto por la vía más rápida, y a su entender recta, el copiar. Leyó una vez en un revista (Dinners Club Julio o Agosto de 1986 no recuerda con exactitud) acerca de un sencillo paso a realizar antes de decantarse por la compra (o hurto) de un libro: la lectura de la página 69. Regla que desde entonces, si bien con variaciones, siguió y sigue utilizando.

Demasiado pequeño, e inocente incluso, para dotar al número de sus connotaciones sexuales, jocosas o "picantonas" creyó que el número respondía a su capacidad para ser leído tanto al derecho como al revés y comenzó a utilizarlo con un éxito inesperado tanto a un lado como otro del Atlántico. Llegando incluso a crear un pequeña, es más pequeñísima, escuela de seguidores , que si bien en un principio se muestran escépticos y descreidos, luego se convierten con fervor y una pasión a entender de muchos exagerada.

El libro debe ser comprado siempre, si:
  • La página 69 es comienzo o final de un capítulo.
  • En la página 69 matan a alguien de un navajazo.
  • En la página 69 se produce un adulterio.
  • La página 69 esta defectuosa o tiene errores de impresión.

El libro nunca debe ser comprado, si:

  • En la página 69 no existen puntos y aparte.
  • La página 69 se corresponde a una ilustración.
  • En la página 69 predominan las frases subordinadas.
  • En la página 69 se descubre el nombre del asesino.

Es verdad, hay gente que sigue estos pasos, como dicen algunos, a raja-tabla. Y son felices con sus compras (o hurtos).


SMS

(Una historia cierta)
Ella me dejo en medio de un concierto. Me envío un mensaje de texto.
(Tremenda la poca sensibilidad con el arte por parte de algunas personas)


lunes, 15 de noviembre de 2010

La Canción

Como en un déjà-vu dentro de otro déjà-vu:
(Un día cualquiera en un sitio cualquiera)
- como el color?
- Si
- No, a ver, en serio dime
- ya te lo dije
- Dejame ver el DNI
- No.....tendrás que creerme
- como el color?
- Si (van dos)
- No puede ser
- (silencio)
- Será que te dicen así
- (silencio y cara de me-da-igual-si-no-me-crees)
- Como la canción?
Y entonces sucede, una y otra vez: canta la puta canción.
- (se ríe)
- (No, no es como esa canción)




Sé que algún día sucederá. No pierdo la esperanza de encontrarte.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Patio de Columnas

Su aspecto bonachón (algo regordete, barba entrecana, gafas redondas) se contraponía con su costumbre de violentar la moral de su alumnos. Por ejemplo, si un alumno se le acercaba con intención de recibir consejo o apoyo, tal vez ánimos, el tipo, se metía las manos en los bolsillos jugueteaba con las llaves que tuviera en los mismos y le decía ¿por qué escribe? pregunta válida pero sin lugar a dudas violenta y descarnada. Y si tal vez el joven aspirante superaba esta primera pregunta, el profesor le decía, algo así como "bueno, bueno, pero dígame ¿por qué cree que alguien deba leer alguna palabra suya?".



Nos envió a una conferencia de Imre Kertész del cual nadie había escuchado nunca ni la más mínima palabra. Un señor mayor. Un tipo que había nacido en un país que ya no existía. Sobreviviente de los Nazis, de los Comunistas, de los Capitalistas. Lanzamiento mundial de su última novela (complicadísimo juego de espejos que alterna entre el ensayo, el teatro, las memorias). Canapes y bebidas. Periodistas de verdad y gente de alto copete.

Fuimos con el convencimiento de que no nos dejarían pasar. Decid que vais de parte mía, grito nuestro regordete profesor, bastante alterado ya que al parecer gozaba con un posible desbordamiento o colapso del evento. Y haced preguntas, dijo, mientras volvía a su curiosa costumbre de juguetear con sus manos en los bolsillos del pantalón. Viajamos en el metro todos juntos. Como un rebaño. Procuramos hacer mucho ruido y bromas soeces.


Un alumno levanto la mano y dijo "para mí la escritura es la Luz, ¿qué es para ti la escritura?" Menudo patán, pensé. No solo tuteaba a un señor mayor que ha ganado un Nobel sino que además había realizado un pregunta estúpida. El anciano, después de escuchar la traducción, hizo un gesto a medio camino entre imbécil y calla-asno. El alumno se levanto, sí, se levanto en medio del patio de columnas del Circulo de Bellas Artes, y grito "La Luz, la escritura es la Luz". Vi como el anciano escritor se inclino sobre su traductor, o editor, y juro que dijo en un perfecto español "a este lo gaseaba" pero nadie me ha creído nunca.

Como es de suponer este alumno se convirtió en una pequeña celebridad, obtuvo sobresaliente y sus opiniones pasaron a ser valoradas. Poco tiempo después deje la Universidad.

martes, 9 de noviembre de 2010

Diez Años

Pues ya llevo Diez Años viviendo en Madrid. Me siguen diciendo que no pierdo el acento.

martes, 12 de octubre de 2010

Dálmata

En la Ciudad Corrupta se podía conseguir de todo. Lo que quisieras, lo que necesitaras. Los comerciantes eran expertos en el engaño, en la palabrería. Te engatusaban con mucha facilidad, te daban gato por liebre, no tenían compasión: te hacían la judía. Ciudad Corrupta era (hace muchos años de esto, tantos que China no existía) la capital mundial de lo Falso.
A mi padre le vendieron un perro. Un perro finísimo y no sé cuantas cosas más. Llego a casa muy contento, creyendo que me haría feliz a mí, a mi madre y a mi hermana. El perro era pequeño y juguetón, un cachorro adorable. Es un dálmata, dijo el buen hombre. Nos miramos y guardamos el secreto. Desde ese día nos turnamos para pintarle manchas, manchas irregulares, siempre negras.
Fuimos felices pero al perro lo regalamos.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Piper Bill

Puto loco. Eso fue lo que debieron pensar. Si, estoy seguro que eso fue lo que debieron pensar los mutilados, los heridos, los sanos y los que ya estaban locos, esos, incluso esos, al verlo exclamaron, puto loco. Los que se habían meado y cagado encima. Los que seguían en las barcas y a los que la arena ya empezaba a picarles. Me la juego a que los francotiradores también dijeron, puto loco. Y para que matar a un loco.

Algo inútil se debío sentir. Por que por mucho que soplara la gaita no se podría escuchar por encima de los obuses y las balas y los lamentos y los sordos. Los sordos temporales y los sordos para toda la vida. Más de uno de los que estuvo presente, no lo vio ni lo escucho. Más de uno no cree que un loco desembarcara en Normandía tocando la gaita.

Bill Millin

lunes, 16 de agosto de 2010

Moraleja

El ruido me hizo asomarme a la puerta. Miro hacia arriba, la calle es en cuesta. Veo a un señor cogido de la mano de un niño bajar corriendo. Padre e hijo, pensé. Pero no solo ir de la mano dificultaba la postura del padre, también el ímpetu del niño, un verdadero kamikaze, un Speddy González que intentaba correr más deprisa que lo que sus pequeñas piernas permiten. El padre intenta frenarlo. Cuando están como a media calle de distancia, es cuando descubro el verdadero motivo, la razón de la extraña postura del padre. Es un bastón, un bastón de ciego.
El niño no cede e intenta correr más y más. Y entonces sucede. Se caen al suelo y se dan un trompazo tremendo, caen con estrépito y no sin cierta comicidad (aunque sé que esta Prohibido reírse de un ciego que se cae). Se levantan y continúan su camino. El niño ya no corre y el padre ya no lo frena.

Esto sucedió en la calle del Olmo en Madrid. Cuando busco la moraleja no la encuentro. Y cuando creo encontrarla me da un ligero escalofrío.

lunes, 19 de julio de 2010

El Final


La historia es así, o por lo menos la recuerdo así. La historia es verdadera y como casi todas las historias verdaderas, comienza así:

yo tengo un amigo que me contó:

Pues resulta que no podía cagar por más que quisiera. Días y días. Porque desde pequeño siempre me ha pasado lo mismo: fuera de casa: nanay.

Durante gran parte de mi vida esto, como se puede intuir, no me causo ningún problema.


Conocí a una chica (muy guapa: yo la conozco) y como todo iba bien pues cada vez más tiempo juntos y por tanto más tiempo fuera de casa. Yo, como sabes, comparto piso, me dijo. Si, dije pero estaba claro que no lo sabía. Y ese fue el problema. Ese.

Bajo el tono, me miro, intento fijar sus ojos en los míos:

En un año y tres meses de relación nunca fui capaz de cagar en su casa. Un día lo hablamos. Y llorando ella y yo a mitad de camino entre la consternación y el constreñimiento decidimos que ya estaba bien.

No recuerdo el final de la historia. O no quiero recordarlo. Era tarde y hacía mucho calor. Y yo sudaba sin parar. Palabrita.

lunes, 31 de mayo de 2010

Salamanca

Hace de esta historia algún tiempo ya pero en mi recuerdo se mantiene fresca y reciente. Trabajaba de camarero. Servía copas en un antro poco iluminado. Me emborrachaba moderadamente. Intentaba ligar con las clientas. Me emborrachaba brutalmente. Intentaba ligar con mis compañeras. Y así.

Una noche una clienta, creo, intento ligar conmigo.

Ligona - Hola, ¿de donde eres?

MrBlu - Pueees ¿de donde crees?

Ligona - (silencio y sonrisa)

Mrblu - Soy de Bogotá. De Colombia. La capital.

Ligona - Pues yo soy de Salamanca

MrBlu - (silencio y sonrisa)

Ligona - Sabes lo que dicen de las de Salamanca

MrBlu - (silencio y cara de ni idea)

Ligona - Que la que no es Puta es Manca

MrBlu - (silencio, desconcierto, pánico, semi-erección)

Ligona - Y yo (agita las manos enfrente mío) tengo las dos manos.

MrBlu- (silencio, balbuceo, intento de sonrisa)

Ligona - (silencio, manos agitándose y sonar de pulseras)

MrBlu - (busco refugio entre las sombras del tugurio)


Qué cosas, no?

jueves, 22 de abril de 2010

Cometa Harley

El caso es que yo vi pasar al cometa Halley. Saque una silla a la calle y me subí a ella para verlo mejor. También creí durante algún tiempo, tal vez una semana o más, que se llamaba Harley y que al pasar haría ruido como una motocicleta.

sábado, 10 de abril de 2010

Fui

Pero es que acaso no sabe que día es hoy, fue la pregunta con la que me abofeteo. Tarde en responder, no por no saber que era miércoles, sino por la sorpresa, por la prisa, por el nerviosismo con que me interrogaba. No! el día, me solto casi gritando. Eso si que no lo sabía. Ni idea, dije mientras levantaba los brazos. Cinco de Abril, me dijo, cinco, repitió y espero a mi reacción. Probablemente me quede callado, subí los hombros, estire la cara, no hice nada. Tenemos que buscarla, fue lo que escuche mientras me esforzaba en alcanzarlo.




Yo tenía una amiga que era japonesa. Lo correcto es decir que yo tenía una amiga que es japonesa. Lo correcto es decir: yo tengo una amiga que es japonesa. En los últimos diez años nos hemos visto durante dos horas pero eso no importa. Nos reímos recordando el día que tuvimos que buscarla, a instancias de su madre, porque se cumplía un año de la muerte de Kurt Cobain y su okasan temía esa locura tan típica de los japoneses, que es suicidarse, que hiciera un harakiri amoroso-musical-adolescente.

Fuimos a las casas de otros amigos, corrimos al parque, intentamos adivinar lo que haría, vagamos por las calles cada vez más preocupados. La noche cae con rapidez en la ciudad corrupta y los parques invitan al delito. La oscuridad crece a gran velocidad y las sombras buscan, afanosas y ávidas, todos los rincones creando un manto de impunidad. Y la japonesita no aparece, nos deciamos los unos a los otros, como si repetirnos lo que ya sabíamos nos sirviera de algo. Volvamos al parque de la iglesia, debió decir alguien. Y para alla nos fuimos.


Nos vemos en Sol a las 17:30 fue lo que convenimos. Despúes, siempre despúes es cuando se piensa, pensé que tal vez, que seguramente, diez años, diez, harían imposible un encuentro. Diez años sin verse. Yo he cambiado por tanto ella habrá cambiado, pensé, mientras el sol me arañaba la cara y los sudores bajaban veloces por mi costado. Entonces la vi. A lo lejos, caminando, de la mano de un hombre, con gafas de sol, con el pelo largo, mayor y diferente. Que grande estás, fue su saludo junto a una inmensa sonrisa.

En el parque de la Iglesia la oscuridad era menos peligrosa, no porque los ladrones fueran temerosos de Dios, si no porque había un comercio, un supermercado abierto hasta las nueve. Sus pálidas luces de neón daban alergía a los hampones. Entonces la vimos. Su pelo corto, aunque no demasiado, de colores, rojo o amarillo o cobre o todos. Un vestido negro corto dejaba al aire sus delgadas piernas. Tirada en el suelo, caída por propia voluntad, como un niño pequeño que rueda por la ladera de la montaña. No recuerdo que dijo, a lo mejor nada, pero en su sonrisa, inmensa, se adivinaban los efectos del vino dulzón.



Fuimos jóvenes y bellos y también felices. Invencibles e incorruptos. Paseamos, corrimos y buscamos. Bailamos, bailamos y bailamos hasta que nuestro sudor se condensaba en el techo y nos volvía a caer encima. Todo eso fui. Fuimos. Nos dijimos todo eso.

lunes, 5 de abril de 2010

M. J. C. (Michael Jackson Colombiano)

Debía yo tener unos trece años o así cuando vi un documental sobre la calle del Cartucho. El Cartucho es, fue probablemente la peor, cara de la Ciudad Corrupta. En apenas dos o tres calles se concentraban miles de zombies, de desechables, un ejército de asesinos, ladrones, malparidos y envilecidos seres humanos, capaces y dispuestos a lo que sea, preferiblemente asesinar y robar, por cantidades ínfimas de dinero, el suficiente para poder comprar más droga, el Bazuco, un compuesto letal (de todo menos droga) y embrutecedor.

El caso es que veo el documental. Uno de esos documentales que pretenden rescatar el lado bueno del ser humano, buscar la mierda que brilla en el basurero. Y claro, era difícil encontrar algo rescatable en ese nido de hampones. Encontraron al arquitecto de los jardines del palacio presidencial, algún presentador de la televisión, un montón de niños, los llamados gamines. Y también, destacaba con fuerza inusual, la figura del Michael Jackson Colombiano. Una corrupta y drogada versión del cantante.


El Michael Jackson Colombiano no sé parecía en nada, en absolutamente nada, al Michael Jackson Americano. Eso si, guardaba fidelidad respecto al vestuario, las gafas de sol y el guante. Sus habilidades de baile, desde mi adolescente punto de vista, dejaban mucho que desear. Pero bueno para ser benevolentes, digamos que, el moonwalk lo hacía con decoro. Como un oráculo de Delfos catódico el reportaje actuó y en el vimos al Michael Jackson Americano, el que murió y el que tanto, tantísmo, termino pareciéndose al Michael Jackson Colombiano. Maldita sea.