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lunes, 4 de junio de 2012

Millonarios

Siempre me ha gustado citar a Rambert en cuanto soy preguntado acerca de mis sentimientos sobre Madrid. Me parecía que dejaba bastante bien fijada mi posición. 
Con el tiempo he ido adquiriendo nuevas frases que siempre han reforzado esta tesis. Demasiadas tal vez para ponerme a escribirlas, pero escribiré la última que he incorporado "Ser un (ponga usted aquí el gentilicio que quiera) que vive en Madrid, no es más que una forma de ser Madrileño". 

Una de las mejores sensaciones al empezar un libro, es saber que te va a gustar. Ir avanzando y comprobando que era verdad. Ir engañando al sueño, despistando el hambre y alargando los parpadeos para no guillotinar las palabras, las frases. Ir calculando cuanto queda, y que que pena, que se acaba.

A uno del GRAPO le tocan 200 millones en la Lotería Primitiva. No puede cobrar el premio porque no tiene DNI

La lectura de Los Millones, una lectura arrebatada que, cumplió todos los requisitos arriba expuestos. Además cumplió la función de Magdalena Proustiana y abrió la caja de recuerdos de mi llegada a Madrid, a la calle Guindos, al horrible barrio de Valdeacederas, donde descubrimos las aceras estrechas, las paredes finísimas, la gente fea, los bares cada dos portales y los talleres cada tres. El proletariado gritón e ignorante pero noble y de disculpa fácil.  De baretos y comercio de barrio, de carniceros sabihondos. De yonkis. De pisos fríos muy fríos y de calor inaguantable.

Nuestro primer contacto con esta ciudad que Tanto nos da y Tan poco nos pide. 

Por favor, lean Los Millones, rianse y recuerden como eramos hace unos años (nosotros y la Ciudad, claro!) y como hemos remado para llegar hasta aqui. Y por supuesto dese el gusto de reir, que el humor, como todo sabemos, es la forma más legítima de expresar la verdad. 


lunes, 7 de mayo de 2012

La Famosa Anécdota

Voy a contarla

"Bien es cierto, que no ayudo mucho que yo tuviese un cinturón lleno de sangre en la mano. Tampoco, que ni el cinturón ni la sangre fueran mías. Bueno, si nos ponemos estrictos, tampoco actuó en nuestro beneficio, que yo fuese el portavoz ante la policía. Y ¿qué decir de mis primeras palabras? pues que tampoco ayudaron. "Tranquilos, que ya lo hemos llevado al hospital". La sorpresa en la cara y la mano a la pistola, hicieron que me diera cuenta de que la suma de todos estos detalles nos condenaba de antemano. El policía, que sudaba a chorros gracias a la triple conjunción: verano, gordura y nervios, grito "quietos y fuera del coche". Ante la imposibilidad de cumplir los dos deseos del Orondo Agente decidimos quedarnos quietos.

Pero antes:

Nos encontrábamos en un oscuro y humeante bar: apuñalandonos el hígado con destilados, urdiendo planes de dominación mundial en el largo plazo y en el corto mucho más sicalípticos. Me voy, dijo y nos guiño el ojo, con la malicia habitual de un gañán a punto de consumar. Diez minutos después: llamada de urgencia. Cuando llegamos estaba sentado en la acera. Sangraba muchísimo. Su novia estaba pálida, o eso me pareció al verla a la luz de la luna, en una extraña metáfora poética que todavía no he sabido explicar. Llegaron unos policías viejos y desganados. Se explico lo mejor que los nervios, por ver que el charco rojo a sus pies no paraba de crecer, lo dejaban: atraco, carrera, pelea, dominicanos, navaja, sangre. Los policías se limitaron a llamar a una ambulancia (ambulancia que Se Perdió de camino al Hospital: Sucedió.) El Hombre Croqueta y J salieron "a perseguir" a los atracadores.Volvieron a los dos minutos. Nada, dijeron.



Volvemos:

Tranquilo, yo vivo aquí. En este portal - volví a la carga. El otro policía, parapetado tras la puerta del coche, esperando al parecer una ráfaga mortal, solo gritaba ¿de qué banda?¿de qué banda sois?. Esta actitud hizo efecto en su compañero que ya termino de desenfundar y totalmente empapado, nos comenzo a gritar: contra la pared, contra la pared. Cosa que hicimos con una tranquilidad pasmosa, como si fuese algo habitual, lo que ya termino de desquiciar a los servidores públicos. Influenciados por Hollywood nos pusimos cara a la pared, con las piernas separadas y las manos en alto, las palmas tocando el frío del ladrillo. Deneis, grito el que parecía de las fuerzas especiales. Luego repitió un poco más tranquilo, de-ene-is. Y daos la vuelta coño, remató.
Tras aclarar el malentendido de las direcciones, ya que ninguno tenía la correcta en el documento y tras el típico interrogatorio acerca de amigos apuñaldos, parecía mucho más relajado, aliviado por no tener que decidir entre su vida o la nuestra. Hasta que el otro, el sudoroso, pidió al Hombre Croqueta que abriese el maletero. En el interior, un reproductor de dvd y una máscara de Scream, desataron una locura de luces rojas y azules, sirenas estridentes, un salto hacia atrás digno de récord mundial y gritos de los hemos pilla'o macho, los hemos pilla'o macho, además de códigos numéricos transmitidos precipitadamente por radiofrecuencia, que hicieron despertar a toda la vecindad.
Tardamos unos tres cuartos de hora en explicarles, con nuestro perfecto acento suramericano,  que no éramos una peligrosísima banda de albano-kosovares y que no nos dedicábamos a desmantelar chalets en la Moraleja. Poco a poco los numerosos refuerzos fueron dejando La Escena del Crimen. Y las luces de mi edificio se apagaron de una en una, siguiendo un extraño orden, superior, como si fuese una instalación de un museo de arte moderno.

Antes:
Estábamos sentados en el coche. Hablando con la franqueza que otorga el aleteo de la muerte y la seguridad de la vida. De lo mucho que cambia todo en un instante. Y que ese puto calor lo vuelve a uno loco"

Mr Blu, 
Madrid 2012

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Los Cooperantes

El conocido como el Hombre-Croqueta, durante años fantaseo con la idea de irrumpir en medio de un partido, atravesar el Bernabéu a todo correr, desnudo y enarbolando la bandera de Colombia. Por si fuera poco, como si alguien le pidiera alguna explicación, decía, algo así como, por la paz de Colombia, o por ayudar a los desplazados de la guerra, o frases de un calado similar.
Esta claro que nunca llevo a cabo su plan, no solo por ser una tontería, sino por que su buena acción no sería comprendida y alabada en su punto justo por los demás. Amén de un miedo insuperable a ser golpeado por la policía y la posterior revisión de su, tenebrosa, historia judicial.
El hombre-Croqueta me cae bien. Cuando se transforma en un Cooperante me parece de un necio superior.
(Apliquese según el caso y conveniencia)

lunes, 17 de mayo de 2010

Croqueta (una aclaración)

Como no es misión, propósito o intención del que elabora este Blog faltar a la verdad, me veo en la obligación de corregir algunas informaciones. Y si tenemos en cuenta que el que hace el reclamo fue presidiario en Bogotá, la corrección la hago de inmediato.
A raíz de la publicación de una pequeña reseña (leela aquí) el reseñado llamo (con más de seis meses de retraso!) con un tono mafioso y mandón, con amenazas veladas y recomendaciones obligatorias, para que suprimiera la parte referente al aprendizaje de Ping-Pong en una, ejem, cárcel o como el interfecto prefiere llamarlo "centro de confinamiento".
Así que a lo que vinimos:
- Lo que aprendió y domino fue el Billar Francés. No confundir con el Billar Pool que en Colombia es conocido como una variación afeminada del primero. En las cárceles colombianas conviene no ser afrancesado.
- Comía pollo todos los días que su Madre (santa donde las haya!) le llevaba. Como no le gustaba el cuero, lo cambiaba con otros reclusos por, por ejemplo, papas asadas o cigarrillos.
Queda la aclaración y mis disculpas al afectado. Y me queda el miedo en el cuerpo. Y coincidencias de la vida mi felicitación por su cumpleaños.

viernes, 13 de noviembre de 2009

La Resilencia (o el peor libro jámas leido)


En uno de sus últimos y misteriosos viajes el mítico Hombre-Croqueta me trajo varios regalos. En concreto tres. Tres Libros: Orejas de Pescado de Marta Orrantia (Regular hasta que el final lo estropea), Su Casa es Mi Casa de Antonio García Angel (de menos a más) y el, lo digo con mayúsculas, EL PEOR LIBRO que me he leido nunca Buda Blues de Mario Mendoza (eso si, camuflado detrás de una inquietante y atractiva portada)...lo único que quiero recordar de esas horas delante de ese libraco es la aparición del término Resilencia. Con la soberbia que me caracteriza, al no conocer la palabreja pense en una errata, así soy yo de burro...

El caso es que desde ese día, al igual que cuando nos señalan un defecto físico en alguien y no podemos dejar de mirarlo, la palabra aparece por todos lados. Así que me toco buscar su significado y como todo lo referente a las Ciencias Sociales (uff que miedo!) existen miles de definiciones pero me quedo con esta dos:

- "Habilidad para surgir de la adversidad, adaptarse, recuperarse y acceder a una vida significativa y productiva.(ICCB,1994)"
- Capacidad humana universal para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas o incluso ser transformado por ellas. La resiliencia es parte del proceso evolutivo y debe ser promovido desde la niñez (Grotberg, 1995).

algo así, entiendo, como el contrario a caer en la depresión...claro que ese concepto y la mayor capacidad de resilencia aparece positivamente en los países pobres o como gusta decir por estos lares, en vías de desarrollo...no sé, no sé...la Resilencia una palabra que visto como esta todo, nos acompañara de ahora en adelante durante muuucho tiempo.

martes, 27 de octubre de 2009

El Hombre Croqueta


Poco se sabe de su infancia excepto que fue un pésimo estudiante. Aunque desde pequeño supo disimularlo con hiperactividad lo cual le permitio disfrutar del cariño materno que le serviría a lo largo de su vida para sacarlo de toda clase de apuros, en especial, con la ley. En su primera estancia en la cárcel aprendió y domino los secretos del ping-pong.
A comienzos del nuevo milenio centra sus operaciones en España. Vive durante algún tiempo en la frontera Suizo-Alemana. Regresa a España y se ubica en el sur. Gana su apodo más famoso "El Hombre Croqueta" por su costumbre de nadar a Croll en la playa, sobre la arena y quedarse cubierto de la misma todo el día sin que eso le moleste en lo más mínimo. Vive en una caravana aparcada enfrente de casa de sus padres y suele colarse en ella, a vaciar la nevera y lavarse los dientes, cuando ellos salen.