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martes, 16 de julio de 2013

Extraño

El problema que tengo con Todo lo que una tarde murió con las bicicletas de Llucia Ramis es que leí la contraportada. Un error de principiante y por el cuál es justo que sea castigado. 
El libro nos lo presentan como el retorno de una treintañera exitosa y brillante al hogar materno al quedarse en el paro. Indagar en su pasado para preguntarse por lo que la vida le había prometido....


Esperábamos encontrarnos ante un Angry Young Women, una voz dispuesta a desgañitarse, a reventar tímpanos. Pero no.

Desde el primer momento la visión de la protagonista sobre su presente y su futuro es inexistente. Bucea en un esplendoroso pasado familiar (historias románticas, abuelas adelantadas a su época, madres maravillosas, casas hermosas) y en la paulatina decadencia económica familiar. Como en todas las familias los secretos laten, aguardan tranquilos a ser rescatados para cuando ya no duelan. Y en ese registro se mueve muy bien Ramis, en el del pasado, en el de la reconstrucción

Como libro de memorias, funciona muy bien. Como crónica generacional, nunca. 

*En el extraño prólogo (uno de esos donde el que lo escribe se afana en demostrar conexiones intelectuales y decir que él sabe mucho) que firma el también Palmesano Llop, afirma que este es uno de los pocos libros de esta generación donde No se encuentra la huella de Bolaño. Lo dicho, un prólogo extraño.  

miércoles, 29 de mayo de 2013

Correos(o)

El estruendoso y achicharrado sonido del timbre me sobresalto. Cartero, dijo. Más catálogos de muebles y ofertas de embutidos para nuestro buzón, pensé mientras volvía al sofá.


Entre las ventajas de mudarse de ciudad esta la de ser un turista-residente. Un tipo que obligado por su "recién llegadez" tiene que ir a sitios donde los autóctonos no van, entre otros motivos, porque esta lleno de turistas. Así, se da la extraña circunstancia de que un novel en la ciudad pueda sorprender a los lugareños indicándoles lo impresionante que es tal sitio, lo bonita que es aquella plaza o que no son tan caros los cafés en esos bares tan modernos. (Aquí el turista-residente suele equivocarse ya que esos bares Siempre son caros).
Pues resulta que yo me encuentro en una situación de ese estilo. Vago por calles que ya me suenan. Me pierdo en plazas muy parecidas. Asisto ojiplático al espectáculo del amanecer mediterráneo. Intento descifrar las explicaciones de las marquesinas de los autobuses. Compruebo aliviado que hay el Corte Inglés. Y, como no, dedico buena parte del día a entrar en bares. Bares de todo tipo.

Un hombre toma el micrófono y comienza a hablar y yo me digo que aquí algo no va bien. Miro a ambos lados y veo cabezas que asienten. Cuando da las gracias por venir sé que la encerrona será grande. La maldita costumbre de no pagar al instante me impide escapar. Mi natural inclinación al alcohol me impide dejar la cerveza por la mitad. De la mesa de al lado se levanta un hombre al que le faltan unos veinte centímetros de altura. El poeta reivindicativo, entiendo que dicen. Dinamita social, creo oír. Conciencia moral, me parece escuchar. No estoy seguro de lo que oigo, mi juicio esta alterado, soy un manojo de nervios. Mi condición de turista-residente me ha llevado a Un Recital de Poesía. Una res pidiendo hora en el Matadero. Otra cerveza, ordene con señas sabiendo que lo que vendría necesitaría alcohol. Mucho alcohol. Alea Jacta Est.


Estaba a punto de ponerme a escribir una entrada sobre la condición de turista-residente cuando sonó el timbre, también brutal e inmisericorde, de casa. La lentitud del ascensor y las nueve plantas de distancia habían hecho que me olvidase del primer timbrazo. La ilusión por recibir algo que no fuera un recordatorio del banco o la factura del teléfono me hubiese hecho firmar lo que fuese. Me entrego un paquete con forma de libro. La sensación de ser observado por el cartero me obligo a mirarlo a la cara. Era él, el Poeta Reivindicativo.

El falso bardo creyó reconocer en mí a uno de los suyos. Pensé en los Escritores Bárbaros. Pensé dar un violento portazo que le rompiese las gafas. En huir (pero ¿a donde? si no conozco esta ciudad!)  No hice nada. Firme aquí, me dijo cómplice.

*¿cuánto tiempo durará la condición de turista-residente?

jueves, 14 de febrero de 2013

Salimos!

Aquella locura de los Momentos Históricos confundió a mucha gente. A lo que sí se ha podido llegar, establecer consenso, es en la importancia que tuvieron las cámaras digitales en el proceso. Y más aún cuando se integraron en los teléfonos móviles. Un cambio gradual, imperceptible en su día a día. La palabra, el adjetivo, Histórico se sacudió el polvo que la pomposidad académica le había hecho acumular sobre sus hombros. Bajo a la calle o lo que en esta historia es lo mismo, se subió a La Red.


Saliendo de la estación de Atocha pertenece a esa categoría de libros que escritos desde la cercanía que da la residencia y le lejanía que da la procedencia logran captar el espíritu de un momento, la esencia de un instante, la fotografía bien enfocada y como diría Capa, lo suficientemente cerca.

Con la farsa, los miedos, las inseguridades, con la ventaja de estar de paso y de no tener pasado, el protagonista nos cuenta su día a día en Madrid de comienzos de siglo. Esa ciudad en constante erupción, mareada por el cambio de moneda y donde pronto unos vagones estallarían, situándonos en el centro de la Historia. Haciéndonos participes, protagonistas.



El primer síntoma fue lo de los eclipses. Cada dos o tres semanas se publicitaban en los medios, complicadas alineaciones planetarías que no se producían hace cientos de años. Luego fue con los máximos históricos de temperatura. Con las lluvias. Con la sequía. Todo era Lo Máximo Nunca Registrado. Las reuniones de presidentes pasaron a ser Vitales, Urgentes. Acuerdos Históricos, publicaban. Hasta aquí fuimos más o menos bien.

Los grupos, en su mayoría cosas desfasadas y que ya tuvieron su momento, se reunían. Y todos los asistentes lo calificaban como histórico y subían miles de fotos a la Red. Partidos de fútbol, despedidas de soltera, finales de curso, comienzos de curso. Todo paso a ser Histórico, memorable, único. Que lío ser Historiador en el Siglo XXI

viernes, 28 de diciembre de 2012

La Fabulosa Entrada 500

Aquél mapa, con tan sólo siete referencias, estuvo a punto de enloquecerme. Tanta era mi confusión que pensaba que respondía a una carta astral con una extraña alineación planetaria. Un Eclipse de siete planetas. Eso si sería extraño pensé. Siete planetas. Alineados. Haciéndose sombra los unos a los otros. Desquiciando a los animales. Rompiendo las leyes físicas y descuadrando relojes biológicos. 

El extraño funcionamiento de la mente me llevo a ponerme a calcular las posibilidades matemáticas de una conjunción astral de esas características. Que Huevón! Por Dios! Ante tanta belleza no hacía más que pensar en números y más números. Pero si no tengo ni idea de números! Lástima no haber tenido un maestro que me dijese eso de que los árboles no me dejaban ver el bosque. Lástima.


Así que caí en un espiral embriagadora de números, planetas, eclipses y mapas indescifrables. Una cuestión peliaguda, pensé. Un asunto espinoso, pensé. Un tema muy delicado, pensé. Me dedique a Pensar para luego empeorarlo y ponerme a Cavilar. Hasta que se hizo la luz. Bueno, realmente, se deshizo la luz. Mi proverbial ignorancia acudió una vez a mi rescate. 

Desobedeciendo toda la educación que recibí, incumplí eso de No Tocar, que tanto me repitieron de pequeño. Y toque. Y sucedió lo evidente. El truco, el secreto, la maña: era una Cuestión Táctil. De piel. De sentidos. Al dejar de pensar, aquel mapa indescifrable, paso a ser La Guía Práctica de la Felicidad en tan sólo Siete Pasos. 

(No creemos necesario aclarar que seguimos el camino. Lo transitamos con paso firme. Dando saltitos como unos colegiales que intentan evitar los charcos de un aguacero repentino. Solo que nosotros saltamos dentro, salpicandonos. Felices.)

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Maletas

La respuesta es tan obvia que no te atreves a decirla. En algún lado estará la trampa, piensas. Te rehúsas a creerlo. Lo has visto en cientos de películas. La trampa, los palos afilados al fondo, cubiertos por unas hojas resecas, esperando tranquila a ser alimentada con un incauto más. Sabes la respuesta pero algo te dice que no la digas. Sus ojos esperan mi respuesta.



Tenía ganas de leerlo desde hace tiempo. Todas las críticas son favorables. La portada es atractiva. Jordi Punti el autor y Maletas Perdidas el título. La premisa de partida es ingeniosa, curiosa. Algo tan imposible que puede ser cierto. La lectura lo atrapo, dirá alguno. Se perdió en sus páginas, dirá el otro. Lo que es seguro es que me hizo el viaje corto y menos turbulento. 

Al bajar del avión como no podía ser de otra manera me perdieron la maleta. Detalle sin importancia ya que, esto si era más grave, yo mismo me encontraba perdido. Si no llega a ser por ese wassup salvador que me guió a través de las maletas (maletas en carritos, maletas con ruedas, maletas de asas) que pueblan esa trampa mortal que es cualquier aeropuerto mediterráneo.


Hacía ver que estaba pensando. Haciendo como si tratase de recordar. Llenándome de un aire grave, como había leído que los personajes en mi situación tenían que hacer. Asintiendo con lentitud, reconcentrado. . Amagando con enunciar la respuesta una, dos veces. Es un cocodrilo, dije finalmente. El brillo tricolor de sus ojos (el mismo que vi el Día que Me Perdí en un Aeropuerto) me confirmo que estaba en lo cierto.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Telonero

Como toda Persona de Bien yo soy del álbum 1972 de Josh Rouse.


Aquella afición me llevo a algún concierto de él. En uno de ellos actuaba un tal J. Tillman como telonero. Como es habitual en estos casos se utilizó el concierto del telonero para comentar la jugada con el vecino, criticar la acústica de la sala o la higiene de los camareros. Todo menos escuchar al Fulano que estaba en el escenario. Claro que él tampoco hizo mucho por llamar nuestra atención, su propuesta era demasiado melancólica y lánguida. Poco más que una guitarra acústica para un público que esperaba con impaciencia a Rouse. En determinado momento paro de tocar y cantar. Se cabreo y se fue. No sin antes regañarnos por nuestra falta de educación. Algunos se ilusionaron pensando que esta acción adelantaría el concierto principal. No fue así.


Con los Fleet Foxes se dio cuenta de la posibilidad del Triunfo. De callar a todos esos insensibles que no hacían más que hablar cuando él intentaba enseñarles, recitarles, instruirlos, mostrarles el Camino. Debió pensar, reflexionar en el porqué, en porqué la propuesta fleetfoxiana si triunfo, porqué si llego a los politonos y recintos inmensos, poco apropiados para tantos coros y armonías vocales. Debió... (aquí ya sería mucho suponer así que no lo ponemos)...

Desde hace algunos meses no podemos dejar de escuchar el disco Fear Fun de Father John Misty. O lo que es lo mismo esa versión Mesiánica, Crooneresca y Alucinada (y con cierto aspecto narcotraficante) del Tillman que vi hace unos años en la Sala Sol. Hipnótico y rebosante de Clase y Estilo. Un disco que no me canso de recomendar (y afortunadamente Algunas Aceptan lo cual nos Agrada Molt!)
Brutal!!!


Asistiremos a su próxima visita a Madrid con curiosidad por saber quién será su telonero.