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jueves, 23 de abril de 2015

Gálvezton

Agua y más agua. Agua que rompe y agua que se aleja. Agua que nunca pregunta nada. Agua que a veces responde. 


The Jinx (Andrew Jarecki, HBO) nos trae a uno de esos personajes inolvidables, Robert Durst. Mentiroso, estrafalario, sibarita, sofisticado, con cierto humor Lecteriano. También nos trae policías mesiánicos, fiscales "botoxisadas", hermanos millonarios, descuartizamientos, disfrazes inverosímiles, cartas de ultratumba, hijastros vendidos, desapariciones. 

Durst decide huir o refugiarse o esconderse en Galveston. Uno de esos Fin del Mundo que existen, un lugar sin preguntas, sin más horizonte que el agua. Agua y más agua.


Tras la espectacular primera temporada de True Detective todo lo que lleve el apellido Pizzolatto ha entrado en el radar. En Galveston, su primera novela (anterior a la serie) Roy Cady se refugia en la tranquilidad desoladora de este pueblo texano. Solo el huracán puede traer los aires del pasado (ese pequeño corazón que late en nuestro interior) Agua que vuelve. Agua furiosa. Agua llena de respuestas.


Galveston se llamaba Gálvezton en honor a su fundador, Bernardo de Gálvez y Madrid, uno de esos tipos que nadie recuerda (pero si fue Virrey de la Nueva España!) uno de esos olvidados, uno de esos que el tiempo consume, que el agua erosiona, que lentamente desaparecen. Que fueron. 
Asi es Galveston.

jueves, 23 de mayo de 2013

Di-Fens, Di-Fens

Que un Resultado no lo explica todo lo sabe cualquier aficionado al deporte. Siempre existe un tiro al palo, uno que se sale de dentro, una tuerca mal apretada en boxes, un casi, un huy!, que explican mejor el resultado, que dan sentido a la frialdad de las cifras. Incluso análisis posteriores que explican malestares, fiebres, pequeñas lesiones, enfados personales, una táctica fantástica. Adornos que redondeen la cuadricula numérica. 

En el béisbol  el deporte americano por excelencia, el deporte de las estadísticas, de los cromos, el del pequeño Tim bateando un homerun que los hace campeones estatales, dedos inmensos de gomaespuma que apuntan al cielo, de las gorras y el himno antes de cada partido. En el béisbol en la frialdad del resultado, sin los sudores del esfuerzo, como parte del marcador esta una E que señala y marca los Errores cometidos por cada equipo. Como parte fundamental del resultado, como esencia misma del juego. El Error.


Para disfrutar con El Arte de la Defensa no hay que saber nada de innings, shortstops, del síndrome de Steve Blass, de los campus universitarios, de batidos hiperprotéicos, tesis doctorales o Herman Melville. Porque como todas las buenas historias esta no se circunscribe a un terreno exclusivo. La armonía con que la historia se desliza, con un swing hermoso de los que rompen el viento produciendo un sonido amenazante, nos llevan a un terreno familiar, al de los juegos, al del deporte que no es más que la vida con menos reglas, algo más simple.

No nos extraña que la HBO comprase los derechos audiovisuales y nos relamemos con lo que puede ser el producto final. 
* Pregunta Para Subir La Nota ¿Por qué el deporte (el que sea) es prácticamente inexistente en la literatura española? (y no como tema principal, no libros de deporte, si no obras donde el deporte sea parte importante del desarrollo)

martes, 19 de febrero de 2013

Hemática

Crímenes y Culpa, aunque los leí en orden inverso, son las dos primeras obras de Ferdinand Von Schirach un abogado al que suponemos gran prestigio, trajes caros, zapatos a medida y buen gusto con el vino. Pequeñas historias donde aquello que llaman la condición humana se refleja, donde descubrimos que la diferencia entre los culpables y los inocentes se separa por una coma, un espacio en blanco o sencillamente un destello de sol. (y no se olviden de un Buen Abogado, Claro!)


Decía un profesor que tuve que la única diferencia entre un preso y él, era que a él no lo habían pillado todavía. Parecía un chiste y nos reíamos.

Recomendado para aquellos que disfrutan de la novela negra, de la literatura hemática y de las historias cortas (De hecho ese es su (bendito) único problema). De las soluciones ingeniosas y que no sufren por saber al culpable en libertad.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Maletas

La respuesta es tan obvia que no te atreves a decirla. En algún lado estará la trampa, piensas. Te rehúsas a creerlo. Lo has visto en cientos de películas. La trampa, los palos afilados al fondo, cubiertos por unas hojas resecas, esperando tranquila a ser alimentada con un incauto más. Sabes la respuesta pero algo te dice que no la digas. Sus ojos esperan mi respuesta.



Tenía ganas de leerlo desde hace tiempo. Todas las críticas son favorables. La portada es atractiva. Jordi Punti el autor y Maletas Perdidas el título. La premisa de partida es ingeniosa, curiosa. Algo tan imposible que puede ser cierto. La lectura lo atrapo, dirá alguno. Se perdió en sus páginas, dirá el otro. Lo que es seguro es que me hizo el viaje corto y menos turbulento. 

Al bajar del avión como no podía ser de otra manera me perdieron la maleta. Detalle sin importancia ya que, esto si era más grave, yo mismo me encontraba perdido. Si no llega a ser por ese wassup salvador que me guió a través de las maletas (maletas en carritos, maletas con ruedas, maletas de asas) que pueblan esa trampa mortal que es cualquier aeropuerto mediterráneo.


Hacía ver que estaba pensando. Haciendo como si tratase de recordar. Llenándome de un aire grave, como había leído que los personajes en mi situación tenían que hacer. Asintiendo con lentitud, reconcentrado. . Amagando con enunciar la respuesta una, dos veces. Es un cocodrilo, dije finalmente. El brillo tricolor de sus ojos (el mismo que vi el Día que Me Perdí en un Aeropuerto) me confirmo que estaba en lo cierto.