lunes, 2 de marzo de 2015

Mentirijillas

Anda la gente alborotada con unas mentirijillas contadas por una actriz. Hace unos días andaba la gente alborotada con las mentirijillas contadas por un niño mofletudo de barbilla retráctil. Ya falta menos para que la gente se alborote con el descubrimiento de unas nuevas mentirijillas. (Esas ya se han contado, ya están en circulación, sus efectos son reales)



El problema es que ya sabíamos que Enric Marco era un impostor. El otro problema es que la Teoría Cerquiana acerca de la pusilanimidad del pueblo español (usted y yo, vamos) ya fue esbozada y explicada hasta la extenuación en Anatomía de un instante. Eso si, tiene en el haber, la parte donde Cercas reflexiona acerca de su "aprovechamiento" de la mentira llamada Memoria Histórica. Tal vez muy largo, o mejor con frases que se repiten en exceso, muletillas que supongo Cercas pretende utilizar como mantras, salmos o el sencillo placer de leerse en buenas frases que fustigan el cuerpo de la narración. El impostor es una lectura entretenida, que pretende arrojar luz sobre el porque de la España actual y de lo que no estoy seguro que llegue a conseguir. 

El problema es que no sabíamos quien era Alfred Andersch. En Sobre la historia natural de la destrucción W.G. Sebald nos llena de incógnitas y espacios en blanco una historia contada miles de veces y sobre la cual no parece existir duda alguna, la segunda guerra mundial. Magistral sobre el uso de mentira (o ausencia de verdad, tal vez), sobre la construcción de un espíritu nacional, del castigo y la culpa, el silencio de los derrotados y mejor aún, el silencio de los vencedores (si, aquellos que sabían como se consiguió la victoria). Pero es en la reflexión sobre el escritor Alfred Andersch (la últimas 30 páginas de un total de 150) que eleva este libro a los altares, a ese parnaso literario al cual Andersch quiso entrar. Nos sirve su caso para ilustrar lo que suponemos fue un comportamiento común, un ejemplo de como la naturaleza humana siempre se escora a favor, que el No es difícil de pronunciar, que lo miserable se hermana con el triunfo, con el reconocimiento. 


El problema es que nunca sabremos quién es Romand. Sabemos que asesino a su mujer e hijos y a sus padres. Que mintió acerca de su carrera, de su trabajo. Que estafo a familiares, amigos, amantes. A pesar de películas, libros, miles de notas de prensa, Romand sigue siendo un vacío, el mayor de los enigmas. Su mentira, toda la impostura que fabrico, sencillamente lo ubico en el muy probable destino que le hubiese tocado. Paseos por el bosque, coches aparcados en carreteras secundarias, soledad de centro comercial a las once de la mañana, Romand es todo ausencia. Es El Adversario una obra maestra de la impostura porque no revela (imposible es) el secreto, la fuente de la mentira. Carrère una vez más.