martes, 28 de octubre de 2014

Amortiguar

Todo lo que se pueda decir sobre David Peace ya esta escrito (y muy bien escrito!) en el blog de Cultura Impopular del gran Óscar Palmer. Leer aquí



"El 15 de agosto del año pasado, minutos después de que el Emperador se rindiera, el Consejo de la Policía Metropolitana convocó a los presidentes de los siete principales gremios del mundo del ocio de Tokio. Entre ellos estaban los jefes de las asociaciones de restaurantes, cabarets, geishas y burdeles. El jefe del Consejo de la Policía Metropolitana tenía miedo de que los Vencedores llegaran pronto a Japón y se pusieran a violar a nuestras esposas e hijas, a nuestras madres y hermanas. El jefe quería que algo hiciera de "amortiguador", de manera que les presentó una propuesta. Les sugirió que los jefes de las asociaciones de restaurantes, cabarets, geishas y burdeles formaran una sola asociación central que satisficiera todas las necesidades de los Vencedores y les proporcionara distracción. Y les prometió que a esta nueva asociación no les faltarían fondos. 
Así nació la Asociación de Recreo y Diversión"

Tokyo Año Zero
David Peace

jueves, 16 de octubre de 2014

Extrañitud

Pues resulta que ahora la gente no puede hacerse Extraña. Estamos obligados a ser conocidos, a no tener un pasado oculto, un viaje sin explicación, unos reglones tachados con trazos negros y gruesos en nuestro expediente. Aquél viejo anhelo de desaparecer, hundirse en las brumas de la memoria familiar, perderse en una isla cocotera son imposibles. Estamos condenados a Saber Que Es De Los Otros, a que los Otros siempre sepan quienes somos. Hemos renunciado al principio básico de la ignorancia sobre los demás.
Hubo un tiempo donde las familias le perdían la pista a alguno de sus familiares. Se hacían fantasmagóricos, medio invisibles, protagonizaban extrañas, maravillosas, turbias historias. Ellos debían, porque así es su naturaleza, permanecer alejados del núcleo familiar espoleando la imaginación de los pequeños, llenando de silencios la vida de los adultos. 


Los Extraños de Vicente Valero nos cuenta la historia de aquellos que no están y que por tanto nos cuentan mucho de los que si, de los que se quedaron. Magnífico libro, lleno de brumas, con secretos y verdades a media, con verdades medidas. Extraños que hacen reconocibles a los Conocidos. Viajes lineales que terminan (aquí tendrían que intervenir los físicos teóricos) en el punto de partida. Libro engañoso que se lee rápido pero de mecha corta, que tranquilo aguarda, espera confiado, sabedor que detonará, que nos llevará a nuestros propios Extraños a aquellos que nos pueden explicar mejor quienes somos.  


martes, 14 de octubre de 2014

Ser

"Johnny llevaba un traje verde de piel de tiburón, y tenía muy mal aspecto. Tenía muchas ojeras y manchas amarillentas en la piel. Yo no soy médico, pero me dio mucho miedo"*

Todos esos esos jóvenes que se lanzaron a Vivir Deprisa no tuvieron tiempo a leer la segunda parte de la frase, aquella del Deja un Bonito Cadáver. Como si el tiempo fuese un escollo a salvar (120 segundos es el límite que marca el sábado noche, se sabe). Las nuevas sensaciones tenían un peaje que sólo se deja pagar con cicatrices, pómulos angulados, mentones que se alargan por el movimiento. Y siempre con pago exacto. No hay cambio. 
Que ilusos fueron al pensar que era cierto, que podían brillar, brillar hasta quemarse. Que podrían iluminar la noche, dilatar las pupilas de los que los que los mirasen fijamente. En comprender la vida en un riff, en que entre coro y coro cupiese nuestra historia de amor. Cuanta candidez en aquellos chicos de pelos revueltos, de imperdibles, de chupas de cuero. Que suerte tuvieron algunos. Los otros caminan por las páginas de Yo fui Johnny Thunders.


* Por favor, matame. La historia oral del Punk. (Legs McNeil & Gillian McCain. Ed Celeste)

jueves, 9 de octubre de 2014

Fate

Sirva este párrafo como declaración de principios, como vuelta al ruedo. (Leída de nuevo La parte de Fate es Magistral) 

"Yo lo que digo es que hay que leer libros. El pastor sabe que lo que digo es la verdad. Lean libros de autores negros. Y de autoras negras. Pero no se queden ahí. Ésa es mi aportación de esta noche. Cuando uno lee jamás pierde el tiempo. Yo en la cárcel leía. Allí me puse a leer. Mucho. Devoraba los libros como si fueran costillas de cerdo picantes. En las cárceles la luz se apaga muy pronto. Uno se mete en su cama y escucha ruido. Pasos. Gritos. Como si la cárcel en lugar de estar en California estuviera en el interior del planeta Mercurio, que es el planeta más cercano al sol. Sientes frío y calor al mismo tiempo y ésa es la señal más clara de que te sientes solo o estás enfermo. Uno intenta, por descontado, pensar en otras cosas, en cosas bonitas, pero no siempre. A veces, algún vigilante instalado en la garita interior enciende una lámpara y un rayo de luz de esa lámpara roza los barrotes de tu celda. A mi me ocurrió infinidad de veces. La luz de una lámpara mal colocada o los fluorescentes de la galería superior o de la galería vecina. Entonces cogía mi libro y lo aproximaba a la luz y me ponía a leer. Con dificultad, pues las letras y los párrafos parecían enloquecidos o atemorizados por esa atmósfera mercurial y subterránea. Pero igual leía y leía, a veces con una rapidez desconcertante hasta para mí mismo y a veces con gran lentitud, como si cada frase o palabra fuera un manjar para todo mi cuerpo, no solamente para mi cerebro. Y así me podía estar horas, sin importarme el sueño o el hecho incontestable de que estaba preso por haberme preocupado por mis hermanos, a la mayoría de los cuales les importaba un pimiento el que yo me pudriera o no. Yo sabía que estaba haciendo útil. Eso era lo importante" 

La parte de Fate 
2666
Roberto Bolaño

lunes, 4 de agosto de 2014

Parque

Escena uno

Una mujer, vestida a la manera tradicional africana, levanta los brazos y los deja caer violentamente. Mientras los brazos caen, ella va abriendo más y más los ojos. Un instante antes de que los brazos caigan del todo, ella cierra los ojos, para abrirlos aún más. A escasos centímetros dos mujeres, también vestidas con colores chillones y estampados geométricos, están muy atentas a la explicación. Me acerco intrigado. La mujer dice en un inglés tallado de manera rústica, they blow it, they blow it. Miro a donde ella nos señala. Hay un solar gigantesco, un hueco inmenso, una verja llena de flores, unas fotos, mensajes escritos a manos. Una vez han comprendido, las mujeres se paran, sonríen, son fotografiadas. Un marco incomparable, pensará alguno. 

 Escena uno (doce años después) 

Abro mi cuenta de twitter. Niños descuartizados mientras se refugiaban en escuelas. Perros, algún caballo también, maltratados, famélicos, llevados hasta la muerte. Ladrones brasileños ajusticiados por sus víctimas. Niños asesinados por sus padres. Mujeres asesinadas por sus parejas. Niñas violadas, luego repudiadas por su familia y finalmente ahorcadas. Terremotos en China. Aviones que explotan. Trozos de cuerpos. Veo todo por encima. Lo cierro y abro el Marca. 

Escena uno (un libro, en cualquier momento)

Le Park no es más que un delirio. Le Park es un Parque. El Entretenimiento lo es todo. Diversión. Experiencias. Le Park sucede a diario. Una feria de Maravillas (¿?) Le Park es un reportaje periodístico. Le Park es una Maravilla. Un Locus Solus 2.0. Un Jurassic Park humano. Es la isla que no es isla (no olvide que no somos islas!) Le Park. Le Park. Le Park. 


martes, 24 de junio de 2014

Sputnik mi amor

Sputnik Monroe destaco en el mundo de la Lucha Libre por su carácter marrullero, algo mezquino, y su excesiva arrogancia. De rasgos disuasorios, fuertes y angulosas cejas, tenía el mechón frontal de su cabellera teñido de rubio platino, lo cual lo hacía aún más amenazante, dotándolo de un aire de cierta villanía cinematográfica. Odiado y amado sin concesiones, aprovecho su popularidad para exigir a los promotores que eliminarán la segregación entre el público aficionado a la lucha libre. Tal era su Simpatía por las Negritudes que llego a ser conocido como el General de la armada de los negros. Tenía tanto tirón entre los aficionados que no tuvieron más remedio que ceder. Así el Ellis Auditorium de Memphis se convirtió en uno de las primeras Arenas integradas de los estados del sur. Como no podía ser de otra manera Sputnik Monroe es honrado y tiene su propia vitrina en el Memphis Rock 'n Soul Museum. 


jueves, 19 de junio de 2014

Vueltas y vueltas

En la categoría de libros desconcertantes, extraños artefactos que activan resortes ocultos en nuestra memoria, percutores de pesadillas frías y sin despertar, tenemos hoy a Historias del Arcoíris de William T. Vollman (Editorial Pálido Fuego; traducción de José Luis Amores). Paseen y lean:

"Había algo particularmente horrible en la tensión de los envoltorios de las cabezas; los cadáveres no podían respirar. Era khotub, el período entre la medianoche y el amanecer. Miré con una anticipación enfermiza mientras el médico levantaba la cabeza envuelta y comenzaba a desenrollar el vendaje (sobre el cual se paseaba una mosca). Vuelta y vuelta, vuelta y vuelta; y gradualmente la forma del rostro se fue haciendo discernible. Quizá quedara sólo una capa más, o quizá fueran tres. Ahora podía distinguir los contornos presionados de la nariz y las concavidades de los ojos. Un mechón de pelo como hierba gris sobresalió del extremo del vendaje. Vuelta y vuelta, vuelta y vuelta; recé para que el vendaje húmedo no se hubiera quedado pegado a la piel del rostro muerto. El olor me hizo dar un paso atrás. Por fin quedo la cara al descubierto. Tenía un color gris amarillento y estaba arrugada, con una tonalidad parecida a la de los ahogados. Los párpados eran bulbos llenos de fluido. Aquello había sido un hombre de sesenta y tantos años. ¡Muerto! ¡Muerto! Deberían haberlo llevado a que se pudriera en su tumba. El formaldehido lo había mantenido durante dos años. Le salía por los ojos como si fueran lágrimas." 


Del arcoíris solo vemos la mitad que surca el cielo. Pero existe otra parte, dicen que inmensa, como si se tratase de un iceberg, que se hunde en el asfalto, que busca las profundidades. Otra mitad que, perdida, busca salir de nuevo a la superficie, que atraviesa las ciudades, que no es curva, que no sería bandera de ninguna causa. Este arcoíris, esta mitad (aunque no es la mitad, aunque no es arcoíris) no es luz blanca descompuesta, no es un efecto óptico; tal vez, pero esto ya es especular, sea la descomposición de los recovecos oscuros de nuestro ser. Un arcoíris que Vollmann persigue aún a sabiendas de que no encontrará ninguna olla con oro al final.