domingo, 30 de agosto de 2015

Panadero

Resulta que leo que el tipo iba a comer a este restaurante, bueno, a un bar que servía comida que decía ser casera, algún bocadillo, café malo y cerveza sin espuma, uno de esos bares que abundan en Palma. El caso: leo que el tipo no tenía blanca, ni un duro, era un poeta de esos jóvenes, embriagado de si mismo y embriagado de vino dulzón (sobre como los artistas jóvenes siempre que recuerdan su juventud la rememoran como una eterna búsqueda de monedas, un mendigar de tragos, un suplicar por besos de pago ya hablaremos en otro momento) un niño-hombre vestido con gabán negro, de gesto atribulado que iba a este restaurante a comer era de lo que estaba hablando, pues este tipo, hoy un reconocido y bien pagado escritor, decía que en medio de sus lecturas (libros de bolsillo, doblados y siempre, siempre, siempre robados: de este recuerdo común a todos los artistas consagrados ya hablaremos) vio aparecer a otro poeta mayor, un poeta extraño, un poeta de algo "así como cincuenta años", un poeta que parecía no estar enamorado, ni llorar con los atardeceres, un poeta risueño que entro al bar con una barra de pan gigantesca que repartió entre risas (suyas) y asombro (clientes del bar y algún alemán despistado que andaría buscando la ciudad real) Aquella anécdota me saco de la rutina de no hacer nada en la que andaba sumido. Me dije que era necesario encontrar ese bar. En el artículo/columna donde contaba la historia no solo detallaba muy bien la calle si no que estaba el nombre de la calle, una calle cercana a la mía: no tenía excusa: camine por las estrechas calles, calles pequeñas cuyos edificios parecen unirse en las alturas, por calles donde solo pega el sol una hora al día, calles donde la luz es densa y el azul del cielo es solo un borrón, calles empedradas, calles con nombres y nombres que nadie recuerda ya. Al fin llegue a la dirección: no había nada más que una casa antigua, inmensa, con entrada de carruajes, una casa donde nunca hubo un bar, un comedero, un escenario para perfomances panaderas por poetas que no lo parecían. Me di la vuelta, extrañado de que el hoy afamado escritor me la hubiese jugado así. Al menos tengo pan, trate de consolarme con ese pensamiento, mientras trataba de tragar algo de la miga de la barra que jamás repartí. 

miércoles, 20 de mayo de 2015

Casero (Zyklon B)

(Un poco cansados de tanta Literatura, tal vez de tanta Ficción, hemos buscado refugio en investigaciones, estudios e historia. El marqués y la esvástica. César Gonzáles-Ruano y los judíos en el París ocupado, nos ha dado tal ración de Realidad que nos ha dejado el contador a cero. Volveremos a la Literatura)



En el París ocupado hubo alguien que estafó a judíos para matarlos. Incluso tenía algún punto en común con Ruano: era un hombre culto, aficionado a las antigüedades y a los libros. Ejercía la medicina y aprovechaba la confianza que inspiraba su profesión para atraer a judíos ansiosos de escapar de París. Les cobraba unos 25.000 francos, supuestamente para financiar los gastos de los guías de la frontera, la estancia en lugares clandestinos, los papeles falsos y el soborno a gendarmes y aduaneros corruptos. Una vez recibida esta suma los recibía en su consulta, instándolos a que llevasen una sola maleta con sus pertenencias más valiosas. Después los encerraba en una habitación que había creado al efecto y les aplicaba una inyección letal (otros dicen que los gaseaba con un Zyklon B de fabricación casera). Se deshacía de los cadáveres aplicándoles cal viva y por medio de un horno crematorio improvisado en el patio de su casa. Fue el mal olor que provenía de esa terrible combustión lo que delató sus crímenes.
Nos referimos al doctor Petiot.

El marqués y la esvástica
Rosa Sala Rose
Plàcid Garcia-Planas

jueves, 23 de abril de 2015

Gálvezton

Agua y más agua. Agua que rompe y agua que se aleja. Agua que nunca pregunta nada. Agua que a veces responde. 


The Jinx (Andrew Jarecki, HBO) nos trae a uno de esos personajes inolvidables, Robert Durst. Mentiroso, estrafalario, sibarita, sofisticado, con cierto humor Lecteriano. También nos trae policías mesiánicos, fiscales "botoxisadas", hermanos millonarios, descuartizamientos, disfrazes inverosímiles, cartas de ultratumba, hijastros vendidos, desapariciones. 

Durst decide huir o refugiarse o esconderse en Galveston. Uno de esos Fin del Mundo que existen, un lugar sin preguntas, sin más horizonte que el agua. Agua y más agua.


Tras la espectacular primera temporada de True Detective todo lo que lleve el apellido Pizzolatto ha entrado en el radar. En Galveston, su primera novela (anterior a la serie) Roy Cady se refugia en la tranquilidad desoladora de este pueblo texano. Solo el huracán puede traer los aires del pasado (ese pequeño corazón que late en nuestro interior) Agua que vuelve. Agua furiosa. Agua llena de respuestas.


Galveston se llamaba Gálvezton en honor a su fundador, Bernardo de Gálvez y Madrid, uno de esos tipos que nadie recuerda (pero si fue Virrey de la Nueva España!) uno de esos olvidados, uno de esos que el tiempo consume, que el agua erosiona, que lentamente desaparecen. Que fueron. 
Asi es Galveston.

lunes, 20 de abril de 2015

Reyes

Pues es así: Todos Pierden. Así que solo se puede hacer una cosa: Perder con Estilo. 


Siempre me ha gustado esa frase que dice que las grandes obras crean a sus precursores. Los incondicionales de The Wire deben abalanzarse sobre Los Reyes del Jaco para reconocer, no solo el ritmo de la calle, los engranajes del Juego si no directamente a personajes y situaciones con las que gozamos en la serie. Afros, pistolas, cadillacs, abrigos de pelo, lumpen y hampa, yonkies y putas, negros y blancos. Todos jugando. Todos perdiendo.

Vern E. Smith ha escrito una de las mejores novelas que hemos leído por aquí en mucho tiempo. 

Los más interesados deben seguir a la editorial Sajalín (toda su colección Al Margen!)
En el blog del traductor del libro, Guido Sender, encontraran una fantástica anécdota sobre la portada.

viernes, 6 de marzo de 2015

Desbarranca

En el curso práctico del ascenso político o de como se hacen las radiografías, encontramos este fabuloso fragmento. No solo sirve de guía para desentrañar la psique política si no que es una estupenda bofetada. Pero no se equivoque la bofetada no se la lleva el ladrón, se la (nos la) lleva (mos) usted (yo), despierte güevon, dice la rojez en la cara, el plas calentito en la mejilla. 


"Y sube, sube, sube que mientras más subas tú tu país más baja.  Nadie está arriba si nadie está abajo. En las entrevistas no te des que tú no eres mujer enamorada, y no olvides que hoy día todo lo graban; di que sí pero que no, enturbia el agua que no se pesca en río transparente. Masturba al pueblo, adula a los poderosos, llora con los damnificados, y a todos promételes, promételes, promételes, y una vez elegido proclama a los cuatro vientos tu amor a tu país pero si te lo compran véndelo, y si no hipotécalo que las generaciones venideras pagan: el futuro es de los jóvenes. Las casas, las calles, las escuelas, los hospitales, las universidades, las carreteras que prometiste déjalas como los puentes: en el aire, pendientes, entre una orilla y la otra de la nada. Absurdo sería gastarte en lugares comunes suntuarios lo que es para tus gastos: tus mansiones, tus aviones, tus palacios, tus palacetes, tus islas, tus playas, tus yates, tus putas, tus delicatessen. Y al irte, si es que te vas, recuerda que lo que dejes se lo lleva el próximo viento: dinero en arca pública es volátil cual espíritu de trementina"

El desbarrancadero
Fernando Vallejo

lunes, 2 de marzo de 2015

Mentirijillas

Anda la gente alborotada con unas mentirijillas contadas por una actriz. Hace unos días andaba la gente alborotada con las mentirijillas contadas por un niño mofletudo de barbilla retráctil. Ya falta menos para que la gente se alborote con el descubrimiento de unas nuevas mentirijillas. (Esas ya se han contado, ya están en circulación, sus efectos son reales)



El problema es que ya sabíamos que Enric Marco era un impostor. El otro problema es que la Teoría Cerquiana acerca de la pusilanimidad del pueblo español (usted y yo, vamos) ya fue esbozada y explicada hasta la extenuación en Anatomía de un instante. Eso si, tiene en el haber, la parte donde Cercas reflexiona acerca de su "aprovechamiento" de la mentira llamada Memoria Histórica. Tal vez muy largo, o mejor con frases que se repiten en exceso, muletillas que supongo Cercas pretende utilizar como mantras, salmos o el sencillo placer de leerse en buenas frases que fustigan el cuerpo de la narración. El impostor es una lectura entretenida, que pretende arrojar luz sobre el porque de la España actual y de lo que no estoy seguro que llegue a conseguir. 

El problema es que no sabíamos quien era Alfred Andersch. En Sobre la historia natural de la destrucción W.G. Sebald nos llena de incógnitas y espacios en blanco una historia contada miles de veces y sobre la cual no parece existir duda alguna, la segunda guerra mundial. Magistral sobre el uso de mentira (o ausencia de verdad, tal vez), sobre la construcción de un espíritu nacional, del castigo y la culpa, el silencio de los derrotados y mejor aún, el silencio de los vencedores (si, aquellos que sabían como se consiguió la victoria). Pero es en la reflexión sobre el escritor Alfred Andersch (la últimas 30 páginas de un total de 150) que eleva este libro a los altares, a ese parnaso literario al cual Andersch quiso entrar. Nos sirve su caso para ilustrar lo que suponemos fue un comportamiento común, un ejemplo de como la naturaleza humana siempre se escora a favor, que el No es difícil de pronunciar, que lo miserable se hermana con el triunfo, con el reconocimiento. 


El problema es que nunca sabremos quién es Romand. Sabemos que asesino a su mujer e hijos y a sus padres. Que mintió acerca de su carrera, de su trabajo. Que estafo a familiares, amigos, amantes. A pesar de películas, libros, miles de notas de prensa, Romand sigue siendo un vacío, el mayor de los enigmas. Su mentira, toda la impostura que fabrico, sencillamente lo ubico en el muy probable destino que le hubiese tocado. Paseos por el bosque, coches aparcados en carreteras secundarias, soledad de centro comercial a las once de la mañana, Romand es todo ausencia. Es El Adversario una obra maestra de la impostura porque no revela (imposible es) el secreto, la fuente de la mentira. Carrère una vez más.

viernes, 20 de febrero de 2015

Orejas (Tiesas)

La historia debió ser así 

La falta de dinero y la costumbre de su cuerpo no tenían otro destino más que la sangre, que la violencia. Las excusas, las promesas, ese dinero que ya iba a llegar, que siempre venía de camino, ya no surtían efecto; lloros y juramentos que hacían rabiar al que los escuchaba, mentira todo, pensaban. 
Pero el tipo volvía y volvía. Sabía los horarios, cuando podía ir, cuando podía aparecer (También es cierto que las pocas veces que algo de dinero caía en sus manos corría a gastarlo allí; el resultado era el mismo: la deuda nunca decrecía) El final estaba escrito y ya lo hemos dicho: sangre. Solo faltaba calcular la cantidad.

Las posibilidades pueden ser varias, pero no son más que ligeras variaciones de la misma:

El dueño, un chulo, el portero, un día, ya harto de ese flaco escuchimizado, probablemente sifilítico, se dijo que ya estaba bien, que era hora del escarnio, de pagar (la paliza también le serviría para recordarles a ellas ese futuro siempre agazapado) A lo mejor solo quería darle unos golpes, algún moretón, incluso romperle un brazo. No contaba con la resistencia, con ese empeño por tener la razón (una última vez con el cuerpo tibio del amor pagado, parecía pedir con insistencia suicida) Al final más fuerza de la deseada: un grito, la escandalosa sangre. El tipo, un desgraciado, corriendo a casa, al cuartucho donde vive. 

O tal vez un nuevo amante, un cliente solvente. No solo deseoso de hacer valer su dinero (ese dinero que el otro no entiende porque él no tiene) decide aleccionar a ese tipo, sentar un precedente. Una vez en la calle, insultos de por medio, o tal vez dentro del mismo local, saca una navaja y le rebana la oreja (a lo mejor quería un premio mayor: un ojo, una sonrisa deforme) El resto ya lo sabemos: gritos lastimeros, manos que no pueden contener la sangre. Una última humillación: una patada a la oreja seccionada, risas infames. La oreja que por casualidad llega a los pies de la pequeña prostituta (¿alguien puede no pensar en que no sea una Pequeña Prostituta?) Asqueada corre al baño, alguno confundirá este gesto con la rabia propia del que ve sufrir al ser amado. 

Van Gogh No se arranco la Puta Oreja.