
(Siempre me dicen que no cuente esta historia, por desagradable y por fea. Que le vamos a hacer, sucedió cuando viví en la calle Soria, a escasos metros de allí, hará un par o tres años atrás)

(Siempre me dicen que no cuente esta historia, por desagradable y por fea. Que le vamos a hacer, sucedió cuando viví en la calle Soria, a escasos metros de allí, hará un par o tres años atrás)

Diga: No! Salga a la calle. No vaya a museos. Mire a la gente caminar con los brazos en jarra. Hable con la policía. Salga en portada. Quéjese de los "chiflados que caminan descalzos". Y por favor, sea como el gran Paul Cole y no se haga famoso.

(Página 35)
Entonces se sentó en la silla, pero siguio sintiéndose raro. Volvió a girarla. Al final dio una vuelta completa y seguía sin encontrar la orientación adecuada. La luz iba disipándose al otro lado de la sucia ventana de la habitación amueblada. Durante toda la noche, Dreisler fue dando vueltas a la silla intentado descubrir la alineación correcta.
E.L. Doctorow
Ragtime
Impresionante e increíble descripción de una época.
El niño se llamaba Lorenzo, creo, no estoy seguro, y he olvidado su apellido, pero más de uno lo recordará, y le gustaba jugar y subirse a los árboles y a los postes de alta tensión. Un día se subió a uno de estos postes y recibió una descarga tan fuerte que perdió los dos brazos. Se los tuvieron que amputar casi hasta la altura de los hombros. Así que Lorenzo creció en Chile y sin brazos, lo que de por sí hacía su sitación bastante desventajosa, pero encima creció en el Chile de Pinochet, lo que convertía cualquier situación desventajosa en desesperada, pero esto no era todo, pues pronto descubrió que era homosexual, lo cual convertía la situación desesperada en inconcebible e inenarrable.