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martes, 6 de marzo de 2012

Frase de Inicio

Leyendo a Vila-Matas (creo que fue en Lejos de Veracruz, todo lo escrito en esta entrada es de Memoria, así que puedo estar perfectamente equivocado) hablaba de la imperiosa necesidad de una primera frase magna, redonda, cautivadora que no solo marcase el ritmo de lectura si no que enganchara, arrancase el sueño y sirviese como inductor, como esas piñas que ponemos en el fuego, para que el lector, ya convertido en un ente sin voluntad, un mero zombie, se dejase llevar por los vericuetos que la lectura le proporcionase. A continuación, en un ejemplo claro del estilo V.M., proponía escribir una novela que comenzase con una frase tipo "Lo que poca gente sabe es que a las playas de Veracruz no volveré jamás"* frase con la obviamente había empezado la novela unas cien páginas atrás...
* Esta frase me inspiro un relato, donde contaba un viaje al Oriente Español, con motor reventado, dejando una mancha de indudable belleza de aceite en el asfalto y un pueblo miserable al cual, es claro, no pienso volver jamás. Un relato de Estallidos y Desamor, en medio de un ambiente Rural y Embrutecido. Lástima que no Funcionara (el relato).

Esto no es una biblioteca, le dijo el del Kiosko. A pesar de su aspecto, García Márquez, se hizo el Sueco.

"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevo a conocer el hielo."

Así comienza Cien años de Soledad. La debí leer hace unos diecisiete o dieciséis años. Recuerdo perfectamente su inicio, sus pasajes, su locura y su verdad. La debí leer, enfebrecido y maravillado, unas seis o siete veces. Que frase más increíble. Cuanta razón suele tener Vila-Matas.