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miércoles, 5 de noviembre de 2014

Lluvia. Cae.

Lo primero que había que hacer era correr a cerrar las ventanas de arriba, de las habitaciones, para evitar que se mojarán las cortinas, los velos. Luego ya podíamos hacer lo que quisiéramos. Y siempre queríamos ir al comedor, al comedor pequeño, de paredes y suelo de piedra y lo importante, techo de cristal. Aquello era mágico: el cielo tornaba oscuro ("como un pulmón que flotase en una bañera llena de tinta negra"), el repiqueteo iba creciendo sin ritmo ni orden hasta que nuestras voces quedaban ahogadas. A veces la oscuridad era tal que teníamos que encender las luces. Y en otras el ruido era tal que poníamos la música a todo volumen y a duras penas la oíamos. Aquella lluvia nos volvía locos. 


Dura es la lluvia que cae de Don Carpenter es una novela bestial, de castigo y de odio, de gente que esta jodida sin saber porque, de gente que quiera joderse sin saber porque, de billares y borracheras, de romperse el lomo, de romperle el lomo, de la cárcel y del amor, del sistema judicial, del crecimiento humano, de la reflexión y de la acción. Es una novela Magistral de leer una y otra vez, de crecer con Jack, de hacernos sus mismas preguntas, sus mismas lecturas, de querer aconsejarle, de jodernos con él.  

Absolutamente Salvaje

martes, 14 de octubre de 2014

Ser

"Johnny llevaba un traje verde de piel de tiburón, y tenía muy mal aspecto. Tenía muchas ojeras y manchas amarillentas en la piel. Yo no soy médico, pero me dio mucho miedo"*

Todos esos esos jóvenes que se lanzaron a Vivir Deprisa no tuvieron tiempo a leer la segunda parte de la frase, aquella del Deja un Bonito Cadáver. Como si el tiempo fuese un escollo a salvar (120 segundos es el límite que marca el sábado noche, se sabe). Las nuevas sensaciones tenían un peaje que sólo se deja pagar con cicatrices, pómulos angulados, mentones que se alargan por el movimiento. Y siempre con pago exacto. No hay cambio. 
Que ilusos fueron al pensar que era cierto, que podían brillar, brillar hasta quemarse. Que podrían iluminar la noche, dilatar las pupilas de los que los que los mirasen fijamente. En comprender la vida en un riff, en que entre coro y coro cupiese nuestra historia de amor. Cuanta candidez en aquellos chicos de pelos revueltos, de imperdibles, de chupas de cuero. Que suerte tuvieron algunos. Los otros caminan por las páginas de Yo fui Johnny Thunders.


* Por favor, matame. La historia oral del Punk. (Legs McNeil & Gillian McCain. Ed Celeste)

jueves, 19 de junio de 2014

Vueltas y vueltas

En la categoría de libros desconcertantes, extraños artefactos que activan resortes ocultos en nuestra memoria, percutores de pesadillas frías y sin despertar, tenemos hoy a Historias del Arcoíris de William T. Vollman (Editorial Pálido Fuego; traducción de José Luis Amores). Paseen y lean:

"Había algo particularmente horrible en la tensión de los envoltorios de las cabezas; los cadáveres no podían respirar. Era khotub, el período entre la medianoche y el amanecer. Miré con una anticipación enfermiza mientras el médico levantaba la cabeza envuelta y comenzaba a desenrollar el vendaje (sobre el cual se paseaba una mosca). Vuelta y vuelta, vuelta y vuelta; y gradualmente la forma del rostro se fue haciendo discernible. Quizá quedara sólo una capa más, o quizá fueran tres. Ahora podía distinguir los contornos presionados de la nariz y las concavidades de los ojos. Un mechón de pelo como hierba gris sobresalió del extremo del vendaje. Vuelta y vuelta, vuelta y vuelta; recé para que el vendaje húmedo no se hubiera quedado pegado a la piel del rostro muerto. El olor me hizo dar un paso atrás. Por fin quedo la cara al descubierto. Tenía un color gris amarillento y estaba arrugada, con una tonalidad parecida a la de los ahogados. Los párpados eran bulbos llenos de fluido. Aquello había sido un hombre de sesenta y tantos años. ¡Muerto! ¡Muerto! Deberían haberlo llevado a que se pudriera en su tumba. El formaldehido lo había mantenido durante dos años. Le salía por los ojos como si fueran lágrimas." 


Del arcoíris solo vemos la mitad que surca el cielo. Pero existe otra parte, dicen que inmensa, como si se tratase de un iceberg, que se hunde en el asfalto, que busca las profundidades. Otra mitad que, perdida, busca salir de nuevo a la superficie, que atraviesa las ciudades, que no es curva, que no sería bandera de ninguna causa. Este arcoíris, esta mitad (aunque no es la mitad, aunque no es arcoíris) no es luz blanca descompuesta, no es un efecto óptico; tal vez, pero esto ya es especular, sea la descomposición de los recovecos oscuros de nuestro ser. Un arcoíris que Vollmann persigue aún a sabiendas de que no encontrará ninguna olla con oro al final. 

jueves, 6 de febrero de 2014

Situs Inversus

Pablo Martín Sánchez anarquista y escritor. Profesor y sindicalista. Viajero y enamorado. Baracaldo y Reus. Situs Inversus*. Magnífico!  

Ya he contado la vez que, sorprendido e hipnotizado por la lectura de Soldados de Salamina, fui a una charla que daba Javier Cercas. También he contado la tremenda sorpresa que me lleve al ver lo poco joven que era el Joven Escritor. Y también he contado las dimensiones desproporcionadas de su cráneo. Todo eso lo remate con una frase de Cercas: Todo es verdad, toooodo es verdad. Y ¿qué más da que sea cierto? ¿qué más da?


El anarquista que se llamaba como yo (sensacional título!) me ha recordado todo lo bueno, todo lo que disfrute con la novela de Cercas. Aunque mucho más extensa, no sólo en páginas si no en profusión de datos y situaciones, es igual de ágil y disfrutable. Seiscientas páginas que se hacen cortas, ensambladas con precisión y con una final magnífico, un final que podría abrir otro libro, otras seiscientas páginas.

*Situs Inversus, alineación errónea de los órganos dentro del cuerpo, colocándolos del lado opuesto. Por ejemplo el corazón se sitúa a la derecha. Y si late ¿qué más da? 

viernes, 31 de enero de 2014

Ambulante

"A mí entender, un hombre que ama los libros no tiene por que morirse de hambre."


En el apartado de Lecturas que lo reconcilian a uno con la Lectura (ya se sabe: libros que hablan de un amor profundo por los libros, por sus autores, por el arte de venderlos, de encontrarles su lector) figura en uno de los más altos lugares La librería ambulante de Christopher Morley. 
También, como si lo anterior fuese poca cosa, estaría en otras dos categoría magníficas: la de Incluso el Viaje más Largo empieza por un Paso (un pasito no más: así se empieza todo) y, la no menos sensacional, Libros escritos con Sencillez (pero si esto lo puedo hacer yo: ajajajaja: iluso que es uno)
Y ya como último, por si lo anterior no fuese ya suficiente, su lectura deja con una sonrisa (algo así como un amor renovado por el Ser Humano) y con la tristeza de que solo tenga 182 páginas. 

"Soy una criatura del común, me temo, insensible a muchas de las cosas profundas de la vida, pero de vez en cuando, como a todos nosotros, me enfrento cara a cara con algo que me emociona."

La librería ambulante
Christopher Morley
Periférica