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miércoles, 28 de noviembre de 2012

Cataratas. (O el Cata-Crack)

Uno de los problemas de la escritura es que todo el mundo sabe escribir. Juntar letras para que formen palabras. Palabras en orden para hilar frases. Y frases con sentido que den lugar a párrafos. Y eso, claro está, lleva a miles de desaprensivos a escribir blogs. O peor aún, novelas.

Existen autores que nos hacen creer que es muy fácil. Tras su lectura nos lanzamos a escribir. Nos enseñan el camino. He encontrado la forma de contar lo que quería, nos hacen pensar. Autores que no tienen piedad de sus lectores. Escritores como Cortázar o Bolaño.

Una vez leí uno de esos chistes que vienen en la Reader's Digest "Cuando el amigo al que le enseñes a jugar al Golf te gane, es el momento de regalarle un Manual de Como Jugar al Golf. Cuando termine de leerlo volverás a ganarle"


Cuando tengas a un amigo pesado, que insiste en que Sabe Escribir, que da la brasa posteando absurdeces en un Blog como este, no dudéis en regalarle "Las Cataratas" de Eliot Weinberger (Nuevo Ídolo de esta casa). Que demostración de erudición, maestría e inteligencia! Que capacidad de análisis! cuanto conocimiento! 

(La Risa Floja me entra cuando pienso en tanto experto, en tanto tertuliano.)

domingo, 30 de septiembre de 2012

Agua Helada

Por algún extraño motivo pensé que el viaje me llevaría a otro sitio. Y claro que me llevo a otro sitio, a otros sitios, un total de 1800 kilómetros por carreteras de todo tipo, podría decir. Pero es claro que pensé que me llevaría a otro sitio, a otro lugar.

Acostumbrado a viajar desde la comodidad de mi Loft imbuido en la lectura, pensé que el Viaje sería una bofetada de experiencias bárbaras que dispararían mi adrenalina, que me llenaría de sensaciones vitales, que me harían mudar, me harían dejar la piel que llevo desde hace algunos años para convertirme en ese otro, en ese otro que me gustaría encontrar por la mañana al mirarme al espejo.

Pensé que al llegar recibiría la Iluminación. Cuestión de fanatismo, cuestión de fe. Pero  la realidad, que se intuía mientras viajábamos, mientras la gasolina se consumía y las estaciones de servicio, dejaban paso a otras estaciones de servicio, iba tomando forma, la Forma del No. El Camino de la Iluminación, aquel Viaje Iniciático iba camino de convertirse en un fracaso monumental, en una pifia, en un error de cálculo. En mi Waterloo.



Cuando llegamos, un pueblo tan lleno de rotondas como tantos otros, las preocupaciones por encontrar la playa, por no atropellar a algún turista, por no perdernos, dejo liberada mi mente de la inminente sensación de derrota que se manifestó en forma de nubarrones de azul oscuro ("como un pulmón hundido en una tina llena de tinta negra").

Nos descalzamos y caminamos por la playa desierta hasta que el agua nos mojo los pies. Un agua helada la de Blanes, dije. Ella me respondió, tan helada como la de cualquier otro sitio. Y luego pensé que el calor de su aliento, que ese calor no lo encontraría en ningún otro sitio. Ha valido la pena, dije.