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jueves, 17 de mayo de 2012

Falta de Actividad

De repente, en medio de la caña (la mía, ella café), me reprendió por mi falta "de actividad". Pensé en argumentar, en explicarme, en fabular. Pero por no contradecirla, y que gano yo con la pelea, pensé, no hice nada. No "realice actividad alguna" (excepto dar un trago largo, concentrado).

Ella ya estaba supliendo mi falta de actividad con airadas protestas, especulaciones y tics nerviosos, que llenaban el café de ruido y de paso movían su café en círculos concéntricos. Se había instalado en un bucle de retroalimentación argumentaria muy peligroso así que me vi obligado a salir de mi inactividad, decidí contarle la Historia de Paranoico Pérez:

Y así la conté:

"- leí la historia de Paranoico Pérez en un libro, que a su vez leí hasta desencuadernarlo.
- ¿qué? - me apunto el primer tanto: ella no esperaba nada. Llevo ventaja, debo luchar por conservarla. Sigo.
- Bartlebly y Compañía, de Vila-Matas - lo digo vocalizando mucho, como si ella me tuviera que leer los labios.
- ...- solo levanta las cejas.
Es evidente que no sabe quién Vila-Matas y no sabe quién es Bartleby. Yo ya lo sabía, que ella no lo sabía. Por algún motivo estas situaciones, donde yo hablo de "cosas" la exasperan. Así que procuro llegar a estas situaciones lo más rápido posible. Factor sorpresa.
- Para resumir, el problema de Paranoico Pérez es que el Puto Saramago - aquí me detengo un poco solo para regodearme, ya que sé que ella tampoco sabe quién es Saramago - se le adelanta y escribe antes que él las novelas - remato mientras separo las manos y las coloco con las palmas hacia arriba y subo las cejas. Subo mucho las cejas. 
- ... - sigue sin decir nada.
Ahora lo que le molesta es mi actividad. Sus nudillos blancos la delatan. Leo en las arrugas de su frente que le apetece romper el plato del café y con el filo desportillado rajarme la cara a la altura del ojo. Como la portada de del disco de Bowie. Hacerme un Bowie. Fantaseo durante unos segundos con la posibilidad de explicarle todo esto: el plato, la porcelana filosa, el corte, la sangre, hacerme un Bowie. Pero fantaseo aún más: ella no sabe quién es Bowie! Sigo pues con Paranoico.
- O sea el problema, es que a Paranoico Pérez se le ocurren las ideas. Pero se da cuenta de que ya están llevadas a cabo, de que otro ya las escribió. Terrible, ¿no? - le pregunto sin esperar respuesta - y encima, por si esto no fuera ya suficiente, el otro gana plata, recibe premios - esto ya lo digo llevándome las manos a la cabeza como poseído por un ataque de piojos. 
Parecía derrotada por mi ataque relámpago pero va y dice
- ¿y?-
- ... - Decido callar. Vuelvo a mi habitual Falta de Actividad. 



(Bebí con una calma furiosa, amparado en el pretexto del repentino sol primaveral, pensando en todos esos libros que me han robado, que han escrito otros por mí)

lunes, 25 de octubre de 2010

Principiantes


Sucedió que me encontraba junto al tocadisco esterofónico por lo cual deslicé un disco, di bastante potencia a la música y, con una profunda inclinación a Henley, saqué a bailar a la muchacha. Si hay una cosa buena entre las muchas que Suze ha aprendido en sus relaciones con los negros, es la de saber bailar como un ángel y saber gozar del baile; en cuanto a mí, aunque quizá poco refinado, he estudiado sobre los duros suelos de los clubs y palaces y en sesiones privadas de todas las noches, aparte de que, tanto Suze como yo, sabemos de sobra cómo el otro da pasos atrás -y de costado y adelante también-, de modo que al poco rato estábamos trenzando pasos como un par de muelles unidos elásticos invisibles, hasta que alcanzamos el momento más glorioso de una danza, un momento que no se presenta a menudo, sino -hay que reconocerlo- sólo cuando uno empieza a exagerar un poco para exhibirse ante la multitud; es decir, cuando la misma danza comienza a dominarle a uno y uno ya no sabe en qué se ha metido, excepto que no puede poner una pierna en falso en ninguna parte, y todo el cerebro entero, y el sexo y la personalidad de uno se han identificado con el baile, son el mismo baile... ¡algo relamente celestial!


Principiantes
Colin Macinnes
Ed. Anagrama



The Jam haciendo una estupenda versión del celebérrimo Bowie