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viernes, 4 de abril de 2014

Simonal

A veces los muertos llegan a serlo por si mismos, pues la gente se muere, y otras veces nos toca poner al muerto, pues a la gente la matamos. Sirven estos cadáveres para expiar nuestras culpas, para henchirnos ante nuestra propia grandeza, para ser parte de la Historia, para confirmarnos en nuestras sospechas: somos los parte de algo grande, de algo bueno. Ilusos de nosotros al querer ser parte de un Momento Estelar de la Humanidad. 

Ante el muerto que se muere solito no nos queda más que decir que era el mejor y que nosotros somos los mejores al reconocer su gran valía. Engordamos nuestro Ego con aire de cierto aroma dulzón, que es el que desprenden los muertos antes de pudrirse. Sus efectos son solo imaginarios, como la anorexia. Se entona un yo-estuve-ahí que viene a ser rematado con un selfie a los pies del ataúd (Para más información véase el estudio Favores a la patria desde el Féretro de P. Sánchez) 


Ante el muerto que matamos entre todos no nos queda decir que era lo mejor y que nosotros somos los mejores al matarlo. Limpiamos nuestra conciencia señalando. Dedos que tras acusar nos sirven para peinarnos, para vernos guapos. Respiramos aliviados, exhalando un aire de cierto aroma dulzón, tras la faena realizada. La turba nos da impunidad y la turba nos alienta a seguir, como una hidra mitológica de mil cabezas. (Para más información véase la Historia de Wilson Simonal* de Valdemar Henriques) 

Original de Jorge Ben y llevada hasta el Olimpo por el amigo Simonal

*Al estar descatalogada nos permitimos un breve resumen: Cantante más popular de Brasil en los años 60; ídolo televisivo; estafado por su representante; recurre al oscuro Departamento de Orden Politico y Social DOPS; su representante bajo tortura confiesa el robo; Simonal esta presente; días después el inspector Borges lo acusa sin pruebas de ser informante para el DOPS; su suerte esta echada; ostracismo; ruptura de contratos; alcoholismo; muerte. Brasil aliviada. Los generales podían seguir en el poder. Seguían siendo tricampeones mundiales. 

viernes, 13 de enero de 2012

(En) ContraRevolucionario

"Como bajo un ajeno dictado, Rouget escribe con precipitación, cada vez con mayor precipitación, las palabras, las notas. Le ha sobrevenido un ímpetu que repercute en su alma estrecha y burguesa como ningún otro hasta ahora. Una exaltación, un entusiasmo que no son suyos, un poder mágico, concentrado en un único y explosivo segundo, arrastra al pobre diletante muy por encima de sus propios límites y, como un cohete, lo lanza - por un instante, luz y llama resplandeciente - hasta las estrellas. Durante una noche, al capitán Rouget de Lisle se le concede formar parte de los inmortales."


"Y es que - paradoja genial, como sólo las forja la Historia - el creador del himno de la Revolución no es ningún revolucionario. Al contrario, aquél que con su canto inmortal ha alentado la Revolución como nadie, querría contenerla con todas sus fuerzas. Cuando los marselleses y el populacho de París, con su canción en los labios, asaltan las Tullerías y deponen al rey, Rouget de Lisle esta ya harto de la Revolución. Se niega a prestar juramento a la República y prefiere abandonar el servicio antes que servir a los jacobinos. Para este hombre íntegro, la expresión "liberté chérie", la amada libertad de su himno, no es una frase vacía."

Momentos Estelares de la Humanidad
Stefan Zweig

Rouget de Lisle otro sufridor de las Bromitas del Destino!
(Dedicado a cierta francesita que se declara fan de la Historia y sus historias)